Biblioteca Digital de la Medicina Tradicional Mexicana
Universidad Nacional Autónoma de México
Diccionario Enciclopédico de la Medicina Tradicional Mexicana
Mordedura de víbora

Sinónimo(s): mordedura de serpiente, picadura de víbora o serpiente. Lengua indígena: Chontal, t’ojita chan (1). Pame, kapmí gotsjé, pica gusano (2). Tzotzil, ti’ben chon (3).

Es concebida principalmente como un castigo que merecen aquellas personas trasgresoras de las normas sociales establecidas. La sanción es enviada por seres sobrenaturales como el chaneque, dioses diversos o santos. Otras causas mencionadas son los sentimientos negativos propios de los individuos, como la envidia, el resentimiento o la preocupación.

Los nahuas y popolucas de Veracruz, piensan que es un castigo enviado por el chaneque, quien está encargado de vigilar la conducta de los humanos, para lo cual cuenta con serpientes que poseen diferentes jerarquías: policías, presidentes y abogados que mandan a picar a la persona que ha incurrido en faltas (4).

Para los habitantes veracruzanos de Mecayapan, es el resultado de preocupaciones o "malos pensamientos en el corazón" (5).

Entre los kikapúes se considera un castigo del dios Kitzihiat por algún acto ofensivo (6), y para los habitantes de Santa Ana Tlacotenco, Distrito Federal, sucede por descuido o cuando algún santo -santa Marta, san Bartolo o Nuestra Señora de la Concepción- manda una víbora a morder a una persona que trasgredió preceptos y normas religiosas (7).

Los síntomas inmediatos después del accidente son hinchazón, dolor y calentura en la región de la mordedura. Conforme avanza el tiempo, pueden presentarse "salida de agua" o sangrado de la herida, fiebre e hinchazón generalizada, dolor de cuerpo, incapacidad de movimiento del miembro afectado y, en ocasiones, la muerte. Las personas mordidas por una víbora pueden fallecer en veinte minutos o dos días después (4).

Los huastecos veracruzanos piensan que, al ser mordida una persona, el veneno cae en su estómago donde forma una pequeña serpiente que coagula la sangre "cortando la circulación"; de ahí que la terapia se base en vomitivos, para expulsar tanto a la serpiente como a la sangre coagulada (8).

Por lo general, los tratamientos son realizados por los culebreros y consisten en la incisión de los orificios dejados por los colmillos de la víbora, extracción del veneno por medio de ventosas, o simplemente chupar la herida, aplicar emplastos y/o ingerir cocimientos de diferentes plantas. La incisión de la lesión se realiza con cualquier objeto punzo cortante disponible, sea éste cuchillo, un pedazo de vidrio, una espina de naranjo o una punta afilada de cuerno de venado.

Cuando extrae la ponzoña con la boca, el culebrero debe masticar hojas de tabaco indio (?) (9) o enjuagarse con aguardiente (10), para evitar que el veneno se introduzca en él. La sustancia extraída es un líquido oleaginoso amarillento. Según Lenz, después que el culebrero chupó la herida, el enfermo debe permanecer recluido en un temazcal, al cual únicamente ingresa el terapeuta para llevarle comida. Al tercer día, ambos acuden al lugar donde ocurrió el accidente (10) para recuperar el alma perdida al sufrir el susto (V. pérdida del alma).

En Veracruz se reporta una gran variedad de tratamientos que deben ser acompañados de ritos especiales, para asegurar la curación (5): en los Tuxtlas, después de extraer el veneno aplican cuerno de venado carbonizado conocido como piedra de culebra, contra, que es un preparado vegetal, o bien ajo (Allium sativum) con sebo, y soban la parte afectada colocando después emplastos de diferentes plantas (9); en Misantla se toma una copita del macerado en aguardiente hecho con las hojas, flores y semillas de la hierba de la culebra (Asclepias curassavica) o las semillas de la culebra (Abelmoschus moschatus) reposadas en alcohol o mascadas directamente si no se tiene el preparado (11), y en Sayula de Alemán, dan de beber el té de contrayerba (?) (12) o cornezuelo (?) (13). En Mecayapan, colocan una trenza confeccionada con siete cabellos de una mujer embarazada o ingieren pozole fermentado. Los totonacos de Papantla utilizan las raíces hervidas del camote dulce (?) o del plátano (?); beben una gran cantidad inmediatamente después del accidente y continúan tomándola como agua de tiempo; la hoja se coloca sobre la parte afectada para refrescar. También emplean la semilla de la culebra o simonillo, el guaco y el tabaco (Nicotiana tabacum), entre otras especies vegetales (14). Los nahuas y popolucas acostumbran aplicar al inicio aceite de comer sobre la herida, y después soban y extraen el veneno apretando con los dedos la zona afectada; el curandero ofrece al chaneque ofrendas y la oración de "Jesús arrepentido de sangre". Además, los popolucas dan de beber coyolillo (?), maíz viejo (?), raíz de ítamo (?), rama de capulín (?), y guaco (Aristolochia sp.) tostados y molidos mezclados con agua tibia; los nahuas utilizan el polvo de guaco, entre otros medicamentos. Las plantas deben ser recogidas el primer viernes de marzo (V. tiempo de figuras). Para terminar, el curandero baña al enfermo en el río el primer viernes después de la curación, a las doce de la noche. Tanto el enfermo como el curandero deberán guardar abstinencia sexual durante treinta y cinco días (4) (V. ayuno). Los kikapúes pican alrededor de la herida con una hoja de pita (?) y aplican una tintura alcohólica y hierba para serpientes (Dyschorlste linearis); si el tratamiento no es efectivo, van al médico (6). En Durango suelen raspar las hojas de guaco (Manfreda brunea) y colocarlas después sobre la lesión (15). Los matlatzincas de Temazcaltepec, Estado de México, hierven ocote con una moneda de cobre y beben el cocimiento dos o tres veces, para asegurar la curación (16). En Morelos recurren a tratamientos tales como colocar la grasa hervida de la víbora o un pedazo de ajo seco sobre la mordedura, o bien, cortar y chupar la herida y después aplicar hojas masticadas de cinco negritos (?); también acostumbran ingerir un té de la misma planta (17). En Aguascalientes emplean el cocimiento del camote o rizoma (Ipomoea stans) empapando lienzos y cubriendo la herida (18).

Entre los tzotziles de San Pablito Chalchihuitán, Chiapas, el curandero mastica papantajomol (?) y axux (?) y sopla tres veces sobre la zona dañada; posteriormente chupa el veneno de la culebra y reza (3). Los mayas de Hopelchén, Campeche, espolvorean la picadura con ruda (?) para extraer la ponzoña. Usan también el viperol (?) cuyas hojas, cáscaras y raíz se mascan para tragar su jugo; el bagazo se aplica sobre la lesión (19). En Santa Ana Tlacotenco lavan la mordedura con agua hervida, cortan y sacan el veneno; finalmente, cubren aquélla con emplastos. Cuando el enfermo ha sanado, debe bañarse en el temazcal y congraciarse con el santo ofendido (7) (V. baño de temazcal) En Chihuahua, se trata con "baños" de humo de pino tea o con tabaco masticado, aplicado sobre la herida; o bien, mordiendo a la serpiente (20). Refieren que cuando uno está en el campo, debe ingerir remedios ácidos o amargos como el limón (14) (21), para "cortar el veneno" y "que éste no llegue al corazón"; después, los enfermos deben ser tratados por un especialista.

Los cuidados que debe observar el enfermo durante su recuperación son imprescindibles para lograr la curación. No debe ingerir alimentos como la carne, el frijol (que además deja su coloración en la herida) y el huevo, para que el "veneno no agarre fuerza" (7) (22 y 23). Asimismo, se considera peligroso acudir a entierros, ya que la lesión puede infectarse (V. aire y contagio). En la época de la canícula, deben extremarse los cuidados para evitar mayor ardor y dolor en la herida (7). En los Tuxtlas recomiendan no entrar en contacto con agua después del tratamiento; de hacerlo, el enfermo sufrirá de fuertes retortijones y tendrá que ser atendido nuevamente. Olavarrieta afirma que "el agua dentro de este contexto terapéutico, parece asociarse negativamente con las víboras y otros animales ponzoñosos" (9).

Para prevenir la mordedura, los cazadores de Mecayapan siempre deben portar consigo limón, tabaco o cigarro -"cosas que le hacen daño a la víbora"-, o bien, hacerse acompañar de una mujer embarazada, ya que su presencia la paraliza (5) (V. víbora). En Sayula de Alemán, suelen tallarse las extremidades inferiores con la hoja de tabaco o con ajo (12). Los kikapúes usan el "rizoma del Sello de Salomón", que cargan consigo cuando van de cacería (6).

Según las distintas regiones geográficas, se distinguen popularmente diversas serpientes venenosas; en Mecayapan, se conocen la nauyaca, la coralillo, la rabo hueso y la metapilkogua o mano de metate (5); en los Tuxtlas, identifican a la sorda, la de cascabel, nauyaca y la víbora de agua (9); en Misantla, la de cascabel y la nauyaca (24); en Hueyapan de Ocampo, la sorda y la de cascabel (25); en Amixtlán, la nauyaca, la carbonera, la coralillo, la tancas y la miahuaquite (26); en Santa Ana Tlacotenco, la cincuate, la chirrionera, la xoquito y la de cascabel (7); en Sabaneta, Veracruz, la sorda y la de cascabel (27). En poblaciones de Guerrero (28), Estado de México y entre los pápagos, la de cascabel; en Tabasco, la coralillo (29), y en Zongolica, la palanca (30).

En México, las serpientes venenosas pertenecen a las familias que se describen a continuación: a) Hidrofidae. Tienen las fosas nasales sobre el hocico, pupila redondeada, colmillos conductores de veneno fijos a los lados del maxilar, ligeramente mayores al resto de los dientes. Sus colores son contrastantes, el dorso negro, los lados amarillos, el vientre ocre y en la cola se distinguen marcas irregulares oscuras sobre fondo amarillo. Miden entre 15 y 70 centímetros de longitud. Habitan en las áreas tropicales del Pacífico y nadan en aguas poco profundas, b) Elapidae. Entre ellas se encuentran las corales y coralillos. Son de cuerpo delgado y cabeza ligeramente aplanada y ojos pequeños. Miden de 12 a 80 centímetros y tienen dos colmillos fijos, mucho más pequeños que los de la familia Crotalidae; habitan en los desiertos y selvas tropicales de todo el país. Son de hábitos nocturnos, viven bajo hojarascas o troncos podridos, c) Crotalidae. Cascabeles, nauyacas, palancas, zolcuates, cantiles, sordas, etcétera. Son de cuerpo robusto, cola y cuello bruscamente adelgazados, cabeza triangular y dos grandes colmillos móviles. Tienen una foseta entre el ojo y la nariz; orificio de un órgano sensorial que les permite detectar presas de sangre caliente, razón por la cual reciben el nombre de cuatro narices. Miden de 15 centímetros a 2.5 metros y viven en hábitats muy variados (selvas, subdesiertos y bosques de todo el país). Suelen asolearse en lugares descubiertos, pero huyen al menor peligro, d) Colubridae. Entre ellas se encuentran las chirrioneras. Debido a su coloración, reciben también el nombre de coralillos falsos. Presentan una gran diversidad y sólo pocas especies son venenosas. Su picadura puede causar grandes molestias, pero no ocasionan la muerte.

Por lo general, el veneno de las víboras inmoviliza y mata rápidamente a la presa mientras realizan un proceso de predigestión. Las ponzoñas son una mezcla de sustancias complejas, que son principalmente neurotóxicas o hemotóxicas, y en algunos casos, una combinación de ambas. Por ejemplo, todas las coralillos poseen el primer tipo de ponzoña, las cantiles el segundo, y las nauyacas y cascabeles poseen uno u otro y, en ocasiones, ambos.

Los síntomas principales de envenenamiento por neurotoxinas son dolor intenso en el sitio de la mordedura, cambio en la coloración de la piel cercana, inflamación local que se va extendiendo con el tiempo y congestión de los ganglios linfáticos cercanos al área afectada. Se produce anestesia, disminución de la sensibilidad y de la presión arterial, parestesias, ansiedad, dificultad para respirar, pulso acelerado, náuseas, vómito, mareos, debilidad, asfixia, coma, paro cardiaco y muerte. Los síntomas que causan las hemotoxinas se observan básicamente en la piel: edema, cambio de color y, a las veinticuatro horas, necrosis (31).

El tratamiento se lleva a cabo con suero polivalente. En los primeros auxilios, se realizan incisiones y se aplican bombas de succión sobre las marcas de los dos colmillos y un vendaje entre la mordedura y el corazón (32 y 33).

Es interesante mencionar que, a pesar de no existir relación entre los remedios utilizados popularmente y el suero antiviperino, sí existen semejanzas en los primeros auxilios empleados por ambas medicinas.

También es importante señalar que, al parecer, la causa más grave de la mordedura de víbora es el hecho de perder el alma por el fuerte susto sufrido al ver al animal (V. susto).

Índice de Autores

(1) Pérez Salvador, A., 1987.

(2) Chemin Bässler, H., 1984.

(3) López Gómez, R., s/f.

(4) Münch Galindo, G., 1983.

(5) Sedeño, L. et al., 1985.

(6) Latorre, F. et al., 1976.

(7) Palacios de Westendarp, P., 1986.

(8) Alcorn, J., 1984.

(9) Olavarrieta Marenco, M., 1975.

(10) Lenz, H., 1973.

(11) Hernández y López, J. A., 1988.

(12) García, A. M., 1979.

(13) García, A. M., 1982b.

(14) Santos García, A. de los et al., 1988.

(15) González Elizondo, M., 1984.

(16) Fragoso, R., 1978.

(17) Field, H., 1953.

(18) García Regalado, G., 1989.

(19) Zavala Ramos, F., 1990.

(20) Bennett, W. et al., 1978.

(21) Osorio Hernández, M. A., 1979.

(22) Coordinadora Estatal del INI, 1989.

(23) Ramos Hipólito, E., 1988.

(24) DGCP, 1979a.

(25) Gerónimo Mateos, J., 1979.

(26) Castro Guervara, C. A., 1986.

(27) DGCP et al., 1979.

(28) García Jiménez, S., 1984.

(29) González, L. et al., 1984.

(30) Reyes G., L., 1984.

(31) Salmerón Estrada, M., 1993.

(32) Sánchez H., O. et al., 1980.

(33) Álvarez del Villar, J., 1977.

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