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Biblioteca Digital de la Medicina Tradicional Mexicana
Universidad Nacional Autónoma de México
La Medicina Tradicional de los Pueblos Indígenas de México
Choles (Winikon ba lojon).
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Descripción de demandas
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Descripción de demandas

Mordedura de serpiente

La mordedura de víbora o serpiente es uno de los accidentes que suelen ocurrir con cierta frecuencia en las zonas habitadas por población indígena. Entre los choles es también una causa de demanda de atención, atribuida tanto a motivos de origen natural, como al resultado de algún conjuro de hechicería enviado por alguna persona. Aunque se trata de orígenes muy diferentes, en toda mordedura de serpiente los curanderos presuponen, en la práctica, la existencia de ambas causas, lo cual se refleja en los tratamientos; en estos últimos se vislumbra, además, otro origen del padecimiento: la ira de ciertos "reyes" de la tierra, que castigan al enfermo a petición de un tercero por algún problema existente entre ellos. Los terapeutas refieren que cuando una serpiente muerde a un individuo, junto con el veneno, a este último le entra "aire de culebra", un aire de calidad "fría", fenómeno que se manifiesta a través de los temblores corporales que presenta el sujeto afectado.

El éxito del tratamiento de cualquier mordedura de serpiente depende de la celeridad con que se aplique: cuanto más pronto se inicie, más posibilidades se tienen de evitar que la ponzoña se disemine; otro requisito indispensable es el de evitar ingerir algún alimento después del accidente. Los tratamientos empleados constan de dos partes: una, que consiste en administrar y aplicar, en la zona lastimada, preparados de plantas medicinales con la intención de detener el efecto del veneno y ayudar a desinflamar el área de la mordedura. La segunda parte consiste en un ritual complejo que se ejecuta con la finalidad de sacar el "aire de culebra", y así liberar al enfermo del castigo de los "reyes" de la tierra.

Una de las serpientes más temidas por la peligrosidad de su mordedura es la nauyaca. En cuanto llega un paciente afectado por esta serpiente, el terapeuta prepara un medicamento con raíz de kurarina (Cissampelos papeira) y de otra planta llamada "bejuco", molidas y mezcladas con aguardiente, el cual administra enseguida al enfermo con el propósito de contrarrestar el efecto del veneno. La eficacia de este primer procedimiento se manifiesta en el hecho de que, luego de ingerido, rápidamente cesan los temblores. Si no se logra conseguir el bejuco, o si la mordedura ha sido de cualquier otra clase de serpiente, los terapeutas choles emplean la raíz de cedrón, la cual se prepara de la misma forma; el paciente debe tomar este medicamento continuamente, y permanecer todo el tiempo sin tomar algún otro alimento.

Una vez controlados los primeros síntomas se pone en práctica la segunda parte del tratamiento, un ritual destinado a liberar del mal al enfermo en forma definitiva. Para que la ceremonia tenga el efecto deseado son necesarias determinadas precauciones: se debe evitar absolutamente la presencia de una mujer ya que, de lo contrario, el enfermo se agrava y le comienza a salir sangre de los ojos, de la boca y de los oídos, lo cual significa que "la ponzoña ha subido". Por lo tanto el curandero, junto con otras dos personas y el enfermo, que debe permanecer todo el tiempo desnudo, se encierra en una habitación. En esta etapa de la curación, el terapeuta hace uso de un bush, un objeto redondo, hueco, del tamaño de una mano cerrada y que tiene un orificio en su superficie a través del cual el curandero sopla cuando desea llamar a los espíritus.

El bush se puede utilizar con fines terapéuticos sólo después de ser "preparado", es decir, sometido a un procedimiento que consiste en introducirle tres elementos, previamente dorados y molidos: una planta llamada "bobotabaco", hojas de zorrillo y un caracol pequeño popularmente llamado susuk’ich ("culito blanco"); este último se pone a secar al sol antes de dorarlo, junto con los demás ingredientes, en un comal. Una vez preparada la mezcla, el curandero pronuncia una oración de nombre t’uñi bil, la cual constituye una petición al bush para poder entrar en él y, a la vez, para que sirva a los propósitos del propio terapeuta. Al finalizar esta oración pronuncia otra, llamada a su vez t’unintiel, la cual constituye una petición para servir a los enfermos a quienes pretende curar con su ayuda.

Antes de empezar a soplar el bush, el curandero introduce en su boca unos "cabitos de tabaco"; inmediatamente después de haber soplado varias veces, comienza a entonar un salmo de nombre "k’un cho’" ("nauyaca"), en el que se invocan a Jesucristo y a diversos santos del panteón católico. Mientras reza, de manera periódica rocía aguardiente al enfermo. Acto seguido, toma un trago de aguardiente y comienza a pulsearlo en ambas manos, al mismo tiempo que, en voz alta, pide "que lo suelte, que no le agarre el frío de la nauyaca, que no le agarre el aire de la culebra". Después de tomar otro trago de aguardiente, junto con los demás presentes sostiene al enfermo, le practica una rameada con ramas de saúco y, a intervalos, rociadas con aguardiente. A continuación, el especialista se introduce en la boca un diente de ajo y algunas hojas de algaria y, después de tomar un trago de aguardiente, comienza a chupar la zona de la mordedura con el propósito de extraer el mal de la zona lastimada. El ajo y la algaria que el terapeuta se coloca en la boca tienen la finalidad de evitar ser afectado por el veneno.

Por último, el curandero sale de la habitación y se dirige hacia el camino con la finalidad de escupir el mal que ha extraído. Las oraciones que se recitan durante el tratamiento son pronunciadas en cuatro idiomas: chol, español, tzeltal y tzotzil, ya que, según el pensamiento de los integrantes del grupo, la tierra tiene cuatro o cinco reyes; en vista de que se desconoce qué clase de rey afectó a la persona, es necesario elevar oraciones en distintas lenguas para que alguna de ellas llegue a oídos del rey agraviado.