Biblioteca Digital de la Medicina Tradicional Mexicana
Universidad Nacional Autónoma de México
La Medicina Tradicional de los Pueblos Indígenas de México
Choles (Winikon ba lojon).
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Descripción de demandas
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Descripción de demandas

Match ibu j’ó che’mel o embarazo. Parto

Como en otros grupos indígenas del país, también entre los choles la partera es la terapeuta socialmente aceptada para atender a la mujer, principalmente durante el periodo de gestación y el parto. Aunque la mayor parte de los embarazos transcurren sin mayores complicaciones, algunas mujeres suelen presentar molestias tales como cansancio, falta de apetito y dolores dentro del vientre. Según las terapeutas, ello se debe a que la futura madre ha sufrido un enfriamiento debido a un aire, además de que está consumiendo demasiados alimentos secos, en detrimento de las comidas que contienen más líquidos, por lo que ambos —la madre y el niño— están desnutridos y "el embarazo no funciona bien". En este caso las parteras choles aconsejan preparar un té con limón, hoja de aire, hinojo, hierba santa y alxolomitl; se hierven todas estas plantas en cinco o seis litros de agua y se toma una copita, tres o cuatro veces al día.

Otra forma de tratar estos malestares consiste en que la mujer se dé un baño de temazcal con un cocimiento de hoja de tigre, hoja de zorrillo, hierba martina y chant’e. Con ello se pretende restituir el calor de su cuerpo, que ha agarrado frío debido al aire; asimismo, con este tratamiento se espera que la criatura se desarrolle bien. Después de ocho días de iniciado el tratamiento la madre debe sentirse mejor, hecho que se torna manifiesto al recuperar el apetito. Sin embargo, ello no descarta la necesidad de que la mujer acuda con un médico alópata con la finalidad de que le prescriba algún preparado vitamínico, como el hierro, por ejemplo. Las parteras estiman que una terapia a base de vitaminas es recomendable al octavo mes de embarazo, si la mujer se ha alimentado normalmente, pero si la debilidad resulta extrema, entonces recomiendan hacerla a los cinco meses de gestación y repetirla a los ocho, con el propósito de que resista el trance del parto.

Otras veces las molestias que siente la mujer se deben a una posición inadecuada que ha adquirido el producto y que, de no ser corregida, puede implicar un riesgo de que el parto se complique. La partera acomoda al niño mediante sobadas aplicadas en el vientre, ya sea utilizando alguna pomada de consistencia grasa.

Ocho días antes del día del parto, la mujer debe tratar de descansar el mayor tiempo posible para así estar preparada y para que el niño "reciba bien la respiración en el vientre", señalan las parteras. Esta medida se adopta también con el propósito de evitar el riesgo de que el parto se adelante. Si el estado de la mujer es delicado entonces debe reposar durante todo el noveno mes. Los cuidados durante los días previos al nacimiento incluyen evitar levantar objetos pesados, no correr y, en general, no hacer grandes esfuerzos físicos. En cambio se le prescribe té de manzanilla con la finalidad de que el niño baje gradualmente y adopte la posición adecuada.

Por lo general, al momento del parto la mujer se coloca en cuclillas mientras se sostiene de un lazo atado a una viga en el techo de la vivienda o, en su defecto, es sostenida por su marido. Esta posición cuenta con la ventaja de que permite a la mujer hacer un esfuerzo mayor que si permaneciese acostada, aunque hay madres que prefieren enfrentar el trance recostadas. La terapeuta la ayuda dándole a beber un poco de agua, o frotándole alcohol en la nuca y dándoselo a oler, con la finalidad de "fortalecer el cuerpo" de la parturienta.

Después de que el niño ha nacido y ha sido fajado, la terapeuta se ocupa de la mujer y espera la salida de la placenta, la cual en ocasiones tarda en producirse, según las parteras, porque la parturienta tiene un enfriamiento; para remediar esta situación, a la mujer se le suministra un medicamento de calidad caliente elaborado con esencia coronada, hoja de aire ("chahuatie"), manzanilla, pimienta, canela y clavo. Se hierven juntos todos estos ingredientes y se le da a tomar a la parturienta. Si con esta medida no se logra hacer que la placenta se desprenda, entonces se le da a tomar aceite de ricino, o de san Sebastián, "para que resbale" y salga; de no contar con estas sustancias se recurre a la cáscara de corcho, que tiene los mismos efectos. Con respecto a esta especie vegetal, las parteras choles suelen prescribirla a sus pacientes unos días antes del parto. Se recolecta una rama en el monte y se pone en una olla a calentar, sin agua; se obtiene así una sustancia de consistencia aceitosa, de la cual la mujer debe tomar una tacita, cuatro veces al día, durante un total de nueve días antes del momento del parto. Durante este mismo periodo la especialista le recomienda a la paciente que se ejercite normalmente, a través de faenas cotidianas que no impliquen grandes esfuerzos. Con este tratamiento se espera que, a la hora del nacimiento, el feto resbale con facilidad y que además no se presente retención de placenta.

En los días siguientes al parto, una de las preocupaciones de la partera y de la madre es la de asegurar una cantidad suficiente de leche para el recién nacido. Las terapeutas señalan que la falta de leche materna en una mujer durante el periodo de lactancia se puede deber a varias causas: un resfriado, un descuido e, incluso, un susto que hace que la mujer "se tape" y se le vaya la leche. Cuando esto sucede, las parteras choles suelen aplicar a sus pacientes un baño de agua caliente con hoja de zorrillo, hoja de zorro, hierba de tigre, poleo, hoja de martín y ("chant’e. Mientras la mujer permanece en el agua la terapeuta le frota con energía la región del pecho. Otro de los tratamientos recomendados para estos casos consiste en la ingestión de un té de ruda, tres o cuatro veces al día, y masajes en el pecho después de lo cual se cubre a la mujer con un manto y se espera a que la leche comience a bajar gradualmente. Con el mismo propósito suele también utilizarse el maíz de granillo, que se muele crudo y se pone a hervir, junto con canela, para ingerirlo como atole (V. amamantamiento).