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Biblioteca Digital de la Medicina Tradicional Mexicana
Universidad Nacional Autónoma de México
La Medicina Tradicional de los Pueblos Indígenas de México
Totonacos.
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Los recursos humanos
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Los recursos humanos

Residentes en los municipios poblanos de Ayotoxco de Guerrero, Zihuateutla, Amixtlán, Zapotitlán, Tenampulco y Hermenegildo Galeana, y en los de Tihuatlán, Papantla, Coxquihui y Espinal, en el estado de Veracruz, los médicos tradicionales totonacos a quienes se les aplicó la encuesta, constituían un grupo de notable prestigio en sus comunidades de origen, imagen que quizás se vea reforzada por el hecho de que la mayor parte considera la práctica terapéutica como una obligación social solidaria o como expresión de un don otorgado por entidades sobrenaturales, y no como una fuente significativa de ingresos económicos. De los 30 entrevistados, 17 eran mujeres y 13 hombres; 16 mujeres se dedicaban a las actividades hogareñas y agrícolas, y sólo una manifestó que la profesión de huesera prácticamente le absorbía todo su tiempo, por lo que había hecho de ella su ocupación principal. Un cuadro semejante se encontró entre los informantes de sexo masculino: 10 eran campesinos y, secundariamente, terapeutas; uno dividía su tiempo entre la albañilería y pequeñas incursiones en el comercio, y sólo dos curanderos declararon que su trabajo principal era la curación de enfermos de su localidad de residencia o de pueblos vecinos. La edad promedio registrada para los grupos fue de 54 años para las mujeres y 61 para los hombres, con una media general de 57 años. Aproximadamente dos tercios del total de médicos indígenas hablaban exclusivamente el totonaco, una persona era monolingüe de español, el resto (10 informantes) afirmaron ser bilingües de totonaco y español, y, aunque el 50% de ellos afirmó saber leer y escribir, las observaciones que pudieron hacerse a este respecto mostraron que el grupo presentaba un alto nivel de analfabetismo, situación en la que influía, seguramente, el alto número de monolingües del totonaco (19 informantes).

Como curanderos, hueseros, hierberos, parteras, sobadores, rezanderos y chupadores, son conocidos y designados en la vida diaria estos terapeutas totonacos. Sin embargo, cuando se analiza con más detalle el ejercicio profesional, se comprueba que prácticamente tres de estas especialidades —las de curandero, huesero y partera— constituyen las categorías más relevantes, y que el uso de técnicas y recursos propios de los hierberos y sobadores forman en realidad parte del arsenal terapéutico de aquellos. Quizás la excepción sea el chupador, especialidad médica no demasiado relevante entre los totonacos —en términos cuantitativos y no sociales o técnicos—, que suele distinguirse nítidamente de los curanderos, los hueseros y las parteras, en razón de la naturaleza de sus procedimientos y métodos terapéuticos.

El análisis de las profesiones médicas muestra que un porcentaje relevante —el 53% del total de la muestra— integra el grupo de los curanderos. El curandero totonaco es conocido bajo los nombres de makuchiná y —quizás como una variante fonética de éste— cuchinán. Nueve mujeres y siete hombres se autocalificaron —y así fueron identificados en la comunidad— con estos nombres; el promedio de edad general para el grupo fue de 60 años (56 años las mujeres y 66 los hombres). Como se dijo antes, la profesión de curandero suele incluir alguna especialidad, razón por la cual en el grupo encuestado se distinguían los curanderos que eran, al mismo tiempo, parteros (en realidad, parteras: malakastakini, majmarikaman, takono o takgono), hierberos (tuhan, palma cuchinan) y sobadores (kutni), y también rezanderos (kgalhtawakgani), clarividentes, "los que predicen la lluvia" y curanderos espirituales (V. ihkuyuna’) . Se pudo comprobar también que suelen existir asociaciones con más de una especialidad médica, como la del curandero que es, al mismo tiempo, hierbero-rezador (magngtuhignac) o partera-huesera (malakastakini-xtonkgnu). Aunque, al parecer, la forma más frecuente de adquirir los secretos de la profesión de curanderos consiste en recibir los conocimientos y consejos de otro terapeuta —muchas veces miembro del grupo familiar—, fueron varios los informantes que declararon poseer un don advertido desde el nacimiento, heredado de sus mayores y que les permite entender las peculiaridades de la medicina tradicional, y así poder desarrollar la capacidad de sanar a los pacientes. Estas modalidades se suelen combinar con mecanismos de aprendizaje autodidacta, iniciados en el seno del grupo doméstico. Todo lo anterior se sintetiza en estas expresiones de algunos informantes: "fue a través de un don que me fue enviado y que había encarnado antes en otra persona", "fue un don otorgado en el nacimiento o concedido por Dios mismo, quien mandó su aviso a través de un rayo" (que le cayó al sujeto en cuestión, el cual sobrevivió milagrosamente); después uno aprende en la casa, en la comunidad, practicando las distintas formas de curar".

Este carácter fronterizo de la profesión de curandero, que lo sitúa en el límite entre el mundo real y el sobrenatural influye para que la mayor parte de los casos que atiende sean enfermedades o trastornos explicables en términos de la cultura del grupo: susto (pewan), sombra de muerto, objetos o animales perdidos (que el curandero puede detectar), problemas matrimoniales, ausencia de algún familiar, envidia, levantamiento de cama, trabajo negro, hechicería (scuuhnaa), protección (clacatitayal), mal aire (nitlan un), mal ojo (lakastado), empacho (unican), caída de mollera (tomolostl, imotiik un paktla), mollera de agua, embrujado (V. brujería), mal viento y dolores en el cuerpo. A este importante grupo de síndromes de filiación cultural le siguen —en orden de frecuencia descendente— otros padecimientos tales como diarrea (nana paktla oyokoaa), alcoholismo, reumas, enfermedad de las tepas, (males que aquejan a) las personas desahuciadas, recaídas (snunamba), hinchazón del cuajo e hinchazón de la matriz.

Las afecciones musculoesqueléticas ocupan un lugar importante dentro de la nosotaxia totonaca, por lo que no resulta extraño que se distinga un grupo bien definido de hueseros (cinco en la muestra: cuatro hombres y una mujer con una edad promedio para el grupo de 51 años). Como dijimos en párrafos anteriores, en este caso los hueseros suelen dominar técnicas propias de los hierberos y de los sobadores, y han adquirido sus conocimientos en forma empírica, solos o al lado de otro terapeuta. Aunque suelen ser requeridos en razón de su conocimiento para tratar dolencias musculoesqueléticas —quebraduras (tartukhnit), torceduras (tatlacanit), estiramiento (V. estiramiento de cuerda) (taltarnet), acomodar huesos, reumas (lakaineja wy kan) y dolor de huesos—, los hueseros atienden no pocas veces a pacientes que presentan problemas ginecológicos —dolores de ovarios (shnujupakazan), amenaza de aborto (taparli skata)—, o a embarazadas normales a quienes les administran sobadas y manteadas (palikan), o a las que tratan cuando presentan paño (lakpishu).

El oficio de partera entre los totonacos atañe exclusivamente a las mujeres, característica que se confirmó en el grupo de las entrevistadas, cuya edad promedio era de 50 años. Es necesario aclarar que varias de ellas declararon que en las comunidades se podía encontrar a parteras-sobadoras-levantadoras de mano (patletnan-mocho motiyey), parteras-curanderas, parteras-curanderas-limpiadoras (kajlitlahua li cucho, pulachakakan) y parteras-curanderas-limpiadoras-hierberas, pero que, en general, se trata de una profesión principal y de varias especialidades, o del dominio de conocimientos especializados. El aprendizaje de la partería —y de actividades curanderiles asociadas a ella— era, esencialmente, de carácter práctico, adquirido en el hogar o junto a otra partera, o, finalmente, en forme autodidacta. Con la extensión de los planes oficiales de entrenamiento de parteras a los municipios de la región varias informantes señalaron que habían asistido a cursos impartidos por personal de las instituciones del sector salud. Las causas de demanda de atención de carácter ginecoobstétrico —que constituyen el núcleo del trabajo de las parteras— se mostraron variadas, numerosas y bien articuladas. En el grupo principal encontramos control de embarazo, atención del parto (majmaki ken kaman), sobada de la embarazada (lek iklita), acomodamiento del bebé mala posición del feto (nitlan mi maskata), cáncer de la matriz, (mujeres que padecen) dolores en la cadera y piensan que van a abortar, parto difícil y (a raíz de lo cual se estima que) no puede nacer el niño, sangrado después del parto y dolor en el vientre, hemorragia en señoras (sugwat min shiajata), placenta que se queda adentro, niño recién nacido que llora mucho y quemada de parto (akshuwanit). Las afecciones musculoesqueléticas que se considera pueden ser tratadas por la partera son las torceduras, los reumas y los venteados (kawiwini); también, ciertos trastornos gastrointestinales: diarrea, vómito (patlanat) y disentería. El hecho de que numerosas parteras sean también curanderas, les permite intervenir —realizando promesas u oficiando ceremonias rituales de cierta complicación— en casos de afecciones que etiquetamos aquí como síndromes de filiación cultural: aire, caída de mollera, brujería (taskawin), ojo, empacho y espanto. Finalmente, se refirió también que su preparación les permite atender a pacientes afectados de las siguientes dolencias: cuajo, granos, calentura (kuyalt), cáncer (tzitzi zaka), infecciones (puchai), punzada de cabeza (katzan ke ashak), trastornos mentales (yakatzangan) y llagas (tachutnit).

Claramente minoritaria es, entre los totonacos, la especialidad de chupador. En nuestro caso se detectó sólo a un terapeuta de este tipo, un hombre de 70 años que declaró que sus conocimientos médicos eran una herencia obtenida por vía materna. Trataba, exclusivamente, dos síndromes de filiación cultural: dolor ("por maldad de enemigos" o chatun ynica) y el no poder dormir ("por una maldad").

La gran mayoría de los informantes (20) afirmó haber practicado la medicina por más de 10 años, atender semanalmente a menos de cinco pacientes y brindar asistencia en otras comunidades, además de la que ofrecen sus lugares de residencia. De los 30 entrevistados, sólo seis pertenecían a una agrupación de reciente formación: la Organización de Médicos Tradicionales Totonacos.