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Biblioteca Digital de la Medicina Tradicional Mexicana
Universidad Nacional Autónoma de México
La Medicina Tradicional de los Pueblos Indígenas de México
Tzotziles (Bats’il Winik).
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Los recursos humanos
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Los recursos humanos

La información que da cuenta de la medicina tradicional tzotzil, representa el testimonio de 56 terapeutas tradicionales habitantes de los municipios chiapanecos de Bochil, Coapilla, Comitán de Domínguez, Chamula, Chenalhó, Chicoasén, El Bosque, Larraínzar, Ocozocoautla de Espinoza, Pueblo Nuevo Solistahuacán y Venustiano Carranza. El promedio de edad de los informantes fue de 49 años, con un ligero predominio de terapeutas del sexo masculino (53%).

De igual manera a lo que sucede con los médicos tradicionales de otras etnias, la mayor parte de los terapeutas tzotziles se ven obligados a combinar su práctica médica con otras actividades económicas, lo que les permite solventar precariamente los gastos familiares. Así, las ocupaciones más frecuentes son las relacionadas con la agricultura, las labores del hogar y la fabricación de artesanías. Sólo unos pocos se dedican exclusivamente a la medicina tradicional.

De acuerdo con la información reunida, el grupo mayoritario de especialistas está constituido por las parteras (choon-olof), que representan el 38% de los 56 entrevistados; su edad promedio es de 50 años, y en su totalidad son mujeres. Algunas poseen otra especialización, ya sea como sobadoras de cintura (tamunen netbane) o como hierberas. La transmisión del conocimiento de una experimentada partera, un don inherente para la práctica ginecoobstétrica, el adiestramiento impartido por alguna institución de salud y, en menor medida, el autoaprendizaje y la revelación divina, son los pilares que, en ese orden, sustentan sus habilidades y conocimientos. Las principales causas de demanda de atención por las que son consultadas, se relacionan con el periodo del embarazo y el parto. Así, su actividad se centra en la revisión mensual de la embarazada (tojon tej chamel), el acomodamiento del niño, el tratamiento de los trastornos presentes durante la preñez (ik’etik) y la atención del parto (tam’olol); aquellas que han participado en cursos de adiestramiento, también aplican inyecciones (chac-julel) y brindan orientación sobre planificación familiar.

El segundo conjunto más numeroso de especialistas lo conformaron los hierberos (bomoletil); en su mayoría son varones y tienen un promedio de edad de 50 años. Es común que, junto con su especialidad, practiquen otra, por ejemplo: curandero, huesero, sobador, curador de mal de ojo (tastus li ta ton cashlal), rezador o rezandero (il’banej) o pulsador (chai spik chich); o bien, se especialicen en enfermedades específicas, como el espanto (comel). Son dos los principales métodos de aprendizaje de los hierberos; el primero, consiste en recibir las enseñanzas de un calificado especialista —generalmente algún familiar del aspirante—; el segundo, acontece mediante experiencias oníricas, durante las cuales le son revelados al futuro terapeuta los conocimientos necesarios para desarrollar su actividad (V. sueño). Las causas de demanda de atención por las que son requeridos se relacionan, principalmente, con los síndromes de filiación cultural, seguidos de las afecciones musculoesqueléticas, las gastrointestinales, las respiratorias y algunas dolencias inespecíficas. Dentro de los síndromes de filiación cultural que atienden, destacaron los siguientes: caída del espíritu o espanto o susto (komel shi’el, komel chulelal, shieí y shi’el ta komel), nagual (suayigef), mal de ojo, entapiadura (chimacolil), alteración (me’vinik) y "junta agua-ollo" (pos lom); las afecciones musculoesqueléticas fueron: fractura (ksemal), bola en pierna y pie (tash apuna), reumas (ik’etik), dolor en brazo, pie y en la cabeza (tash’abanli baque); entre las gastrointestinales se mencionaron: diarrea (tzanel), disentería (chicha’l tzanel), vómito (shenel) y cólico (ti’ól); las respiratorias fueron: tos (o’jbal) y tuberculosis (zal o’jbal); y las inespecíficas: calentura (kok, cook), hinchazón (tzitat), tumores (chel chamel) y granos (chinetil).

El curandero(h ’ilol), que en algunos casos se autodenomina "curandero completo" (valquilal il banej), forma parte del tercer grupo de especialistas en importancia numérica; algunos de ellos poseen otra especialidad, como la de curadores de espanto (pojt tabana), rezadores o hierberos. Constituyeron el conjunto de terapeutas de más avanzada edad (60 años en promedio), con un alto predominio del sexo masculino. Las enseñanzas de otro curandero, las experiencias oníricas y, en menor medida, "las instrucciones de Dios", representan los métodos más comunes de su aprendizaje (V. h ’ilol). La mayor demanda de su atención se centra en los síndromes de filiación cultural, primordialmente en las curaciones del espanto, de la intromisión de un espíritu o fluido y del hogar (puch tanc); también son de su competencia algunos trastornos gastrointestinales, como la diarrea, afecciones inespecíficas —como calentura y alergia (puch tatic)—, además de la "detección de otras enfermedades".

Otro importante conjunto de terapeutas tradicionales es el de los hueseros (sack back), constituido en su totalidad por hombres con una edad promedio cercana a los 57 años, y cuya actividad se relaciona con las afecciones musculoesqueléticas. Las formas de aprendizaje incluyen un largo periodo de entrenamiento a manos de un experto en la especialidad, así como el autoaprendizaje y la intervención de Dios, quien durante el sueño del principiante deposita en él los conocimientos necesarios para llegar a ser un terapeuta competente. Las causas de demanda de atención por las que la población solicita los servicios del huesero, fueron las siguientes: quebradura o fractura (ic kas, k’azo-mal), zafadura y torcedura (ts ’sak bak, botzem, tzik baketil), desviaduras y "brinzadura"; cabe señalar que el término brinzadura se utiliza para designar un tipo de enfermedad producida por el desplazamiento de algún órgano, por ejemplo, "relajado de testículos" y "caída de ovarios", entre otros.

Finalmente, los curadores de espanto, rezadores y rezador de los cerros, forman un pequeño grupo de terapeutas que se dedican a la atención de determinados padecimientos y a la ejecución de procedimientos especializados. Sus formas de aprendizaje son similares a las descritas para los otros terapeutas; sin embargo, algunos informantes de este grupo mencionaron que antes de dedicarse a su actual actividad, habían padecido una enfermedad incurable; la recuperación de su salud vino cuando decidieron iniciar su labor terapéutica. Los síndromes de filiación cultural y, como ya se mencionó, la realización de procedimientos especializados, constituyen las causas de demanda de atención de este conjunto de terapeutas. Así, la población acude a ellos en los siguientes casos-enfermedades crónicas (chameletik jti jmu’e’ch), rezos de cada año al cerro (xciopoj taj jujun ja’vil ta vitz), rezos a ojos de agua (jciopojeletik taj satv’setik), rezos a cuevas (jciopojeletik), rezos a cruces del camino (jciopojeletik jta cruzalbe’etik), espanto (V. susto), brujería (ak’chamel), nagual (suayigel), mal de ojo, chismes y envidia (il ko petik) y "sueña que roba y está en la cárcel" (chulelal) (V. sueños).

La mayoría de los 56 informantes declaró tener más de 10 años ejerciendo su especialidad, y se calcula que semanalmente atienden a 10 personas. Por otra parte, el 60% sólo habla la lengua tzotzil, y dentro del 40% de los bilingües, la mayoría sabe leer pero no escribir. Únicamente el 10% pertenece a la Organización de Médicos Indígenas del Estado de Chiapas (OMIECH).