Biblioteca Digital de la Medicina Tradicional Mexicana
Universidad Nacional Autónoma de México
La Medicina Tradicional de los Pueblos Indígenas de México
Nahuas.
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Descripción de demandas
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Descripción de demandas

Ahuetzi o cuha ahuetzi. Caída de mollera, caída de varillas o desvarillados

La designación más frecuente de esta enfermedad es caída de mollera, aunque entre los nahuas de Michoacán se le conoce con las expresiones "caída de varillas" y "desvarillados". Se trata de un padecimiento nombrado también con diferentes voces: en Veracruz se le llama mapachoua y ahuetzi; en el estado de Puebla se le designa youetsi axin, huahuasto, huajzit nia, cuaquestoc, ticuahuehuelictoc y cuha ahuetzi.

La caída de mollera es una enfermedad que afecta principalmente a los niños menores de un año, aunque también pueden padecerla los adultos, en los cuales la afección es particularmente grave. Se produce siempre por causas de tipo mecánico, como "sacudir o zangolotear" a los niños, y por golpes o caídas, sobre todo si el pequeño cae boca arriba. En los adultos, la enfermedad se produce a causa de un golpe muy fuerte recibido en la cabeza, o como consecuencia de una caída violenta. Si bien para la mayoría de los terapeutas el golpe produce el hundimiento de la fontanela, para otros —aquellos que lo designan con el nombre de "caída de varillas"—, lo que origina la afección es en realidad la "caída" (desplazamiento) de las "varillas", músculos que mantienen unidas las mandíbulas y que sustentan al paladar en su posición normal, como se explica también en la descripción del padecimiento conocido como "cabeza abierta".

Los síntomas que permiten reconocer la afección se manifiestan inmediatamente después del traumatismo y aumentan de intensidad rápidamente. Los primeros signos que presenta el enfermo son diarrea —con "cuajarones" de leche, si se trata de un lactante— y mollera sumida; este último signo es tan característico que, de hecho, da el nombre a la enfermedad. Aunado a lo anterior, el niño se muestra muy molesto, llora constantemente y tiene dificultad para mamar ya que, al hacerlo, se ahoga; después, aparecen vómito y calentura; el enfermo muestra ojos hundidos y llorosos, y sus pañales presentan un fuerte olor a "xoquiate o huevo quemado". Si el tratamiento adecuado no se prescribe de inmediato, surgen catarro y dolor de estómago; los ojos adquieren un color morado y la garganta se siente inflamada debido a que el paciente tiene la "campanilla baja"; como consecuencia de esto, el niño tiene dificultades para dormir y su fontanela deja "de latir".

En el caso de los adultos, la enfermedad se manifiesta con un intenso dolor de cabeza; asimismo, el sujeto siente la garganta inflamada por dentro, lo que le produce dificultad para pasar los alimentos, e incluso tiene problemas para beber agua, ya que al intentar hacerlo siente que se ahoga; además, presenta rigidez en las mandíbulas, porque "sus quijadas se cierran y se ponen tiesas". Los enfermos adultos también presentan un cierto olor a huevo quemado o xoquiate en el aliento y en las heces fecales.

En los niños, la fontanela sumida es el signo que permite determinar la naturaleza de la enfermedad que lo aqueja. El diagnóstico incluye la palpación de la mollera para detectar la intensidad de su latido: el grado de disminución indica la gravedad del caso. En los adultos, el diagnóstico se hace mediante el interrogatorio del enfermo y por la palpación de las articulaciones de las mandíbulas. La revisión se hace tanto por la parte externa, para detectar unos nodulos —generalmente del tamaño de un frijol— que aparecen en el sujeto afectado de caída de varillas, así como en el interior de la boca, donde se examinan la posición de los cartílagos ubicados al final de los vestíbulos, a la altura de la bóveda palatina. En una persona sana, éstos deben estar en posición vertical, mientras que en los enfermos "desvarillados", la parte superior de estas "varillas" se encuentra inclinada hacia el interior de la garganta, cerrando la glotis. Los informantes afirman que si las "varillas" llegan a cerrarse completamente, el paciente muere.

En virtud de la rapidez con que evoluciona la enfermedad y constatando la gravedad de sus síntomas, los terapeutas emplean tratamientos complejos que incluyen varios procedimientos aplicados sucesivamente, con la intención de lograr un efecto lo más inmediato posible. La mayor parte de estas terapias tienen la finalidad de levantar mecánicamente la mollera, de modo que vuelva a situarse en su posición original. Muchas veces, en un mismo tratamiento se ejecutan varias de estas prácticas.

Una de las maniobras más comunes que ejecutan la mayoría de los terapeutas es la de chupar la mollera, operación que se realiza succionando, con la boca llena de algún líquido, la fontanela sumida. Los preparados usados con más frecuencia para estos fines, son: la infusión de romero o de manzanilla, el café tibio, el "refino" (aguardiente) o, simplemente, el agua. Con la boca llena, el curandero literalmente "chupa" la mollera hundida del niño, unas dos o tres veces, hasta advertir nuevamente la palpitación o latido, indicio de que ya se encuentra en su lugar correcto.

Otro de los procedimientos usuales para levantar la mollera al niño, consiste en tomarlo por los tobillos y levantarlo, de modo que quede con la cabeza colgando sobre una cubeta que contiene agua con pétalos de rosa; enseguida, el terapeuta le da pequeñas "sacudidas" y luego unas palmadas en las plantas de los pies, "para que la mollera caiga en su lugar".

La "subida de la campanilla o levantada" del paladar, es otro de los procedimiento que realizan los terapeutas nahuas para curar el padecimiento. Consiste en masajear rápidamente la zona del fondo del paladar, presionando con firmeza con el dedo índice o con el pulgar; algunos terapeutas untan los dedos en aceite de oliva o aceite rosado para ejecutar la maniobra, mientras que otros envuelven el dedo con cáscara de jitomate (V. paladear).

Generalmente, después de subir la fontanela mediante uno o varios de los procedimientos anteriores, los terapeutas colocan un emplasto sobre la mollera. Una de las formas de preparación consignadas consiste en asar un tomate —sin que reviente—, restregarlo en el área de la fontanela, de modo que quede llena de jugo, y enseguida agregar azúcar, de manera que al secarse el líquido se forme una costra, y así la mollera no se caiga de nuevo. Algunos terapeutas acostumbran poner en la mollera un emplasto de cáscara de tomate asado, untada con aceite de almendras, manteca o clara de huevo, o una masita preparada con hierbabuena, un poquito de aguardiente y sal o azúcar. Los emplastos se deben fijar mediante una venda. Este procedimiento terapéutico es también una forma de prevención ya que, al endurecer, impide que la mollera se caiga. A veces basta con aplicar aceite, o humedecer la mollera con agua o con alguna infusión, para lograr efectos semejantes.

Todos los tratamientos para la caída de mollera van acompañados de la ingestión de tes medicinales, como una forma de coadyuvar a una pronta recuperación del enfermo. Varias son las preparaciones empleadas con estos fines: de la planta de nombre tapón se utilizan las hojas y la corteza en cocimiento, y se administra en dosis de una cucharadita cada tres horas, durante tres días, si el paciente es un niño, y media taza en la misma forma si es un adulto; en el caso de la mejorana, se utilizan las hojas y los tallos, y se da a tomar una cucharadita, si el paciente es un niño, y media taza si es un adulto, tres veces al día durante cinco días, en ambos casos (V. xinikuiltse).

El tratamiento completo comprende dos o tres sesiones curativas, pero ya al término de la primera el paciente logra cierta mejoría. Es así como algunos terapeutas recomiendan a la madre del niño que le dé "chichi" (pecho), para ver si ya puede mamar.

En los adultos, el tratamiento —llamado en Veracruz cacohuecatzi, que significa "levantada de la mollera"— consiste en presionarle el paladar en la zona de la úvula palatina, es decir, "paladearlo". Como parte de la terapia, algunos médicos también soban todo el cuerpo del enfermo con aceite de san Sebastián, iniciando por la cabeza —que mueven hacia adelante y hacia atrás varias veces—, para quitarle lo "envarado".

Los médicos tradicionales que atienden esta patología refieren que, si no se trata inmediatamente, el paciente puede sufrir serias complicaciones tales como deshidratación causada por la diarrea y los vómitos, anemia, desnutrición y catarro crónico; además, si el enfermo es un niño, "su mollera puede quedar pegada en sus sesitos" y provocarle la muerte.

La caída de la mollera en los niños puede ser prevenida evitando moverlos bruscamente.