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Universidad Nacional Autónoma de México
La Medicina Tradicional de los Pueblos Indígenas de México
Nahuas.
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Descripción de demandas
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Descripción de demandas

Itonal, neomoutil o xauipia itonal, opatzmigui. Susto o espanto

De todas las enfermedades reconocidas y tratadas por la medicina de los pueblos nahuas, el susto es, sin lugar a dudas, la más importante: constituye el primer motivo de demanda de atención y representa una importante causa de muerte entre los habitantes de las comunidades.

Si bien el nombre "susto" (neomoutil, en Tlatlauqui, Puebla) es una de sus denominaciones más comunes, se le designa además con otros términos que aluden a diferentes aspectos de la enfermedad. Así, entre los nahuas del estado de Puebla, se le conoce como "quedado", "quedada" o "quedados", lo que alude al efecto más inmediato desencadenado por la causa primordial de esta patología: la circunstancia de que el alma o el espíritu del asustado se "quede" en el lugar en donde ocurrió el "susto", enfermando así a la víctima. Prácticamente toda la población reconoce lo anterior como el mecanismo esencial que desencadena la enfermedad. En Veracruz se le denomina "espanto" —un sinónimo de susto que enfatiza la intensidad— y "levantada de espanto", expresión referida a la finalidad principal del tratamiento del padecimiento, como se verá más adelante. En Guerrero, en cambio, el nombre consignado con mayor frecuencia es el de "levantada de sombra", "que no tiene sombra" (xauipia itonal) y "levantar la sombra", expresiones referidas nuevamente al procedimiento más común empleado por los terapeutas tradicionales para tratar este padecimiento; también se le reconoce con el nombre de "espanto".

Esta enfermedad es tratada por numerosos curanderos y parteras, entre otras categorías importantes de médicos tradicionales, si bien existe una serie de especialistas que incluyen el tratamiento de este padecimiento en su práctica profesional habitual; entre ellos encontramos a: limpiadores, "espirituales", sobadores, "cura espanto", rezanderos, levanta sombra, "videntes" y "sobadores de susto" (ti lana, que quiere decir "sobar") —término registrado en el municipio de Aquila, Michoacán.

La enfermedad es provocada por una impresión fuerte, un "susto", que puede ser causado por una gran variedad de acontecimientos. Un primer grupo comprende sucesos de orden natural, tales como ver, de improviso, una sombra, una bestia, o un animal en el camino —víbora, serpiente o perro—, ser atemorizado por un rayo o presenciar un pleito (causa común de susto en los niños, cuando asisten a peleas de sus padres en el hogar). Puede también ocurrir a consecuencia de un accidente, como caerse a un barranco o a un río, sufrir un percance cerca de alguna fuente de agua o de un brasero, ser víctima de un accidente sorpresivo —por ejemplo, sufrir el ataque de un animal peligroso (como una víbora)—, o ser asaltado, sobre todo de noche. Algunos informantes afirman que cuando una persona se asusta, "lo agarra la tierrita, la sombra se queda", concepto que revela la consecuencia inmediata del susto recibido.

Los acontecimientos propios del segundo grupo guardan relación con la existencia de "aires pesados", aires de propiedades malignas presentes especialmente en la cercanías de los panteones, en los lugares solitarios o en los "lugares malos" (que son aquellos "donde fallece alguien, donde se aparece algo y que sólo el que tiene sombra ve y oye"); esta causalidad está más vinculada al padecimiento visto como "espanto" (V. aire). Todas las causas antes referidas se tornan especialmente insidiosas si ocurren durante la noche, ya que ocasionan un "susto" mayor, más impresionante y, por lo tanto, un padecimiento más grave. Por otra parte, ciertas personas son particularmente más propensas que otras a contraer un susto más grave, en las mismas circunstancias, ya que "son más débiles y el susto las agarra más fácil y más fuerte".

Es una enfermedad que surge en el sujeto que sufre directamente el suceso traumático, excepto en los lactantes, los cuales pueden contraerla si la madre se asusta y después los amamanta, según informaron las parteras de Huauchinango, Puebla.

La sintomatología del padecimiento puede manifestarse ya sea a los pocos días o después de un periodo mayor de tiempo. Se presenta con dolor y punzadas en la cabeza, decaimiento general, dificultad para dormir o deseos constantes de hacerlo, sobresaltos durante el sueño, falta de apetito, temblor y "latido en las venas del cuello"; al sujeto "le agarra borrachera" (mareos), "no tiene ganas de hablar", su cara se torna amarillenta, y siente dolor en todo el cuerpo, especialmente en las coyunturas, lo que lo hace sentirse "envarado"; además, se siente "sofocado" y triste, no tiene "ganas de ir al baño", tiene el pulso débil y las extremidades frías, suda abundantemente, sobre todo de noche, adelgaza visiblemente y se "hincha". En los niños, la enfermedad casi siempre cursa con diarrea de color verde, calentura y a veces vómito.

Ciertos terapeutas del estado de Guerrero relacionan determinados síntomas de la enfermedad con la hora en que ocurrió el accidente: "cuando se espantan de día les da calentura; los que se espantan de noche se ponen fríos". Es necesario consignar aquí un dato que aparece con cierta regularidad en los relatos acerca de esta dolencia, el cual puede ayudar a explicar un procedimiento terapéutico frecuente en el tratamiento del padecimiento: algunos terapeutas (por ejemplo, los del estado de Puebla) reconocen a la "mollera caída" como uno de los signos de la enfermedad en los niños (V. caída de mollera y tonalli).

Si bien para la gran mayoría de los médicos tradicionales la causa primordial de la enfermedad es "la pérdida del alma, del espíritu, de la sombra", que cae y se queda en el lugar del accidente, los informantes nahuas de la costa de Michoacán refieren que "al momento de asustarse entra aire, viento, al cerebro (cabeza); este aire que entra por las narices y los oídos, que son las portillas, enfría el cerebro".

El susto se diagnostica por observación del aspecto general del paciente, por un interrogatorio que trata de poner en evidencia la existencia de algún acontecimiento traumático, reciente o lejano, en la vida del enfermo —suceso muchas veces olvidado—, así como por procedimientos locales propios de determinados especialistas o terapeutas de un área limitada. Los "espirituales" de Puebla observan el semblante del paciente prestando particular atención al "blanco del ojo", que en estos casos muestra una extrema palidez, al mismo tiempo que determinan un aumento de calor en el centro de la palma de la mano; todos estos indicios confirman la presencia de la enfermedad. Los terapeutas que reconocen a la mollera sumida como un signo importante del padecimiento, palpan "la campanilla" (la úvula palatina) del enfermo, la cual, de estar caída, confirma el diagnóstico. Los terapeutas nahuas de Michoacán diagnostican tomando el pulso radial del enfermo, el cual se presenta muy rápido y "brinca" en los casos de susto (V. pulsar).

Sin embargo, el procedimiento más utilizado para diagnosticar la enfermedad —especialmente entre los terapeutas nahuas del estado de Puebla— es la limpia, práctica que en muchos casos forma parte del tratamiento mismo. Una informante partera-curandera-sobadora del municipio de Tlatlauqui, narra la manera en que realiza la "limpia": "utilizo un huevo y hierbas del mal aire, como son el albahacar, el sauco del bueno (de hoja pequeña) y el romero; hago un ramo con estas hierbas, luego hago la limpia, como si estuviese barriendo, primero con el huevo y después con el ramo; después quiebro el huevo en medio vaso de agua y lo tapo con el mismo ramo; me espero seis minutos y después destapo para ver si tiene susto o no. Si tiene susto, la yema del huevo se ve envuelta en una sábana blanca".

Los tratamientos consignados por los distintos informantes consultados son complejos y muy variados, aunque se encuentran ciertas regularidades, según las distintas zonas geográficas habitadas por ellos.

En Zongolica, Veracruz, la enfermedad se trata mediante lo que se llama una "cura de espanto", procedimiento terapéutico que relata una curandera-cura espanto de ese municipio: "para empezar, se prepara una infusión con aguardiente, hojas de hierba de espanto, epazote y estrella de mar, y se le unta al enfermo en todo el cuerpo, y gritándole por su nombre, se le dice que no pierda su casa, que no se espante en el espacio. Esto se hace una sola vez. Al mismo tiempo, se le da a tomar un té que se prepara con hojas de hierba de espanto —lo que se agarre con los cinco dedos— y una hojita de naranjo en medio litro de agua; se da a tomar en las mañanas y por la noche antes de dormir, por tres días. Al mismo tiempo se pone un emplasto, una sola vez; se utiliza un chipote más grande que el que se usa para el té y se pone con una hoja de higuerilla. El emplasto se prepara con toda la planta, y se cubre con una hoja de higuerilla". La terapeuta, además, unta en "los pulsos" del paciente una mezcla de esencia de toronjil y espíritus de anís (ambos líquidos, el primero de color amarillo ámbar y olor penetrante a clavo, y blanco el segundo, los cuales se adquieren en la farmacia), operación que se hace una sola vez, con la finalidad de "...recoger su espíritu que por el espanto se le riega" (V. santa maría y hierba mora). Al paciente se le recomienda evitar que "le dé el aire" y no se le permite bañarse hasta pasados tres días después de la cura.

Otro informante del mismo municipio llama a su tratamiento "levantada de espanto", el cual consiste en lo siguiente: rocía al enfermo con una "infusión" (en realidad, se trata de un macerado de hierba de espanto en aguardiente); enseguida "le grita en su espalda" (dice el nombre del enfermo en voz muy alta), y le unta "en los pulsos" esencia de toronjil (maniobra que le recomienda también realizar en casa por cuatro días, antes de acostarse); además, le aconseja tomar en ayunas, durante el mismo periodo, una cucharadita de agua de espanto (líquido inodoro de color rosado que se expende en las farmacias), encomendándole que "sude y se acueste para que su espíritu entre de nuevo a su cuerpo" (V. levantada del alma y levantar la sombra).

En otros tratamientos, además de la ingestión de un té de plantas medicinales, se realiza un ritual curativo en lugar de los procedimientos antes descritos. Al respecto, una curandera describe la siguiente "cura de espanto": "se lleva a la persona a donde se espantó; en ese lugar se prepara una ofrenda —que consiste en siete velas y veinticuatro flores de muerto— envuelta en hojas de mazorca, y se invoca al Señor Jesucristo para que le devuelva la salud al enfermo". La infusión se prepara con hierba de espanto, y tiene la finalidad de desinflamar, bajar la fiebre, hacer sudar y quitar el dolor. Durante el tratamiento, se recomienda al paciente permanecer en casa por lo menos por ocho días, además de bañarse con agua tibia y evitar ingerir alimentos fríos.

En el estado de Guerrero, el nombre del tratamiento alude directamente a la causa de la enfermedad: la pérdida de la sombra. Así, el procedimiento curativo se llama "levantar la sombra"; el terapeuta dice de su quehacer médico: levanta sombras (tlatonalcué). También los sobadores —a cuya especialidad se le denomina "el que llama al sol" o "te tonalqui", en lengua náhuatl—, se dedican al tratamiento del susto. Son principalmente dos los tratamientos consignados: el primero, común en el municipio de Chilapa, se realiza una vez a la semana, de preferencia los días miércoles; el terapeuta toma una jícara con agua de manantial, a la que agrega una bolita de copal de santo (resina de consistencia chiclosa y aroma agradable); le reza al agua unas oraciones del Justo Juez, siete veces al derecho y siete veces al revés; luego rocía con la boca parte del agua, en forma de cruz, sobre la cabeza y la ropa del paciente, quien debe estar en ayunas y durante toda la sesión terapéutica permanece sentado con la cabeza inclinada; el paciente bebe el resto "para que le vuelva su sombra". Durante la terapia el especialista constantemente "llama al sol", y cuando rocía "...con agua en las cuatro esquinas, al salir el sol, la persona luego manifiesta un cambio y hasta se queda dormida".

Los curanderos y parteras-levanta sombras del municipio guerrerense de Olinalá, realizan diferentes tratamientos dependiendo de si "la sombra se perdió en el campo o en un lugar malo", o si se trata de un caso grave de la enfermedad. Los más frecuentes son aquellos en los que los pacientes "pierden su sombra" dentro de la casa o cerca de ella. El tratamiento consignado (con algunas variantes) es el siguiente: el paciente puede estar acostado, si es un niño, o sentado si es adulto; el terapeuta toma un poco de ceniza del tlecuil o tlatlaconetzin y la va poniendo —en forma de cruz— en las articulaciones de los brazos y piernas, bajo la nuca, sobre la garganta, en la palma de las manos, sobre el empeine de los pies y en la planta de los mismos, mientras reza el credo y el padrenuestro, o la magnífica. Las variantes encontradas no difieren mayormente de lo ya relatado. Así, por ejemplo, pudo verificarse que el terapeuta puede rezar primero unas seis veces el credo, y después comenzar a poner la ceniza en forma de "bolita", primero en la frente, después " se le da a probar tantita", luego sobre la cabeza, a los lados y arriba de las orejas, de la nuca y del cuello, continuando como en la descripción anterior. Al terminar, el enfermo se persigna y bebe un vaso de agua; "el enfermo luego empieza a sudar y poco a poco se queda dormido", refieren los informantes. El tratamiento se hace tres veces al día: en la mañana, al mediodía y por la tarde.

En caso de que la sombra se haya perdido lejos del hogar, en el campo o en un "lugar malo", entonces "hay que traerla". Para ello, el terapeuta debe ir al sitio donde ocurrió el accidente; uno de los informantes narra el procedimiento: "se hace una cruz con tierra y se agarra tantita tierra para traer; allí dejo media botella de aguardiente, cerillos, cigarros y una vela y me vengo rezando todo el camino hasta donde vive el enfermo. Esto se hace a mediodía o a las doce de la noche; sólo a esas horas. Así traigo la sombra. Se hace una o dos veces hasta que se cure". Durante el tratamiento, el enfermo no debe salir de casa ni bañarse.

Cuando el susto es grave y el paciente está muy mal, el procedimiento que los curanderos realizan consiste en echar en las brasas uno o dos ramitos de pericón o zacayatle, junto con copal y cuatro plumas de pichón, para que "ahume el cuarto donde está el enfermo"; no se deben usar más de dos ramitas de pericón porque hace daño. Se sabe que el tratamiento ha funcionado cuando el paciente empieza a sudar; "eso le hace bien, así se alivia pronto", señalan los terapeutas.

Los curanderos nahuas del estado de Michoacán curan el susto mediante sobadas, lo cual se refleja en el nombre de su especialidad: "sobadores de susto". El procedimiento es complejo: el terapeuta comienza la cura apretando "recio" con sus dedos pulgar e índice una zona ubicada entre los dedos pulgar e índice de ambas manos del enfermo; según palabras de los informantes, cuando existe el padecimiento, en ese lugar es posible percibir una "bolita". A continuación, el terapeuta "sigue el pulso" del enfermo desde el antebrazo hasta la axila, por la parte interna, apretando todo el tiempo muy fuerte, muy "recio", y también "jalando" la piel de esa zona. Esta operación se hace en ambos brazos. Al alcanzar la parte superior del brazo, el terapeuta hace presión sobre un punto ubicado en el pecho, entre el brazo y la axila. Después, comienza a sobar el pecho y la espalda, al mismo tiempo, en dirección a la columna vertebral (en la espalda) y al esternón (en el pecho), iniciando la operación a nivel de las costillas flotantes; una vez llegado a los hombros, ejecuta el masaje hacia el centro; repite esta maniobra varias veces. Soba a continuación la zona del cuello, siempre en dirección a la columna vertebral, apretando luego "muy recio" y hacia arriba —en ambos lados de la cabeza— un punto situado bajo el pabellón auricular y detrás de la mandíbula, mientras hace presión en las sienes con los demás dedos. A continuación, aprieta los pulsos de las sienes con los dedos pulgares mientras que, con los demás, oprime el occipital. Todas estas maniobras, que constituyen la "sobada", se hacen con mucha fuerza y, en opinión de los pacientes, son muy dolorosas. Según los informantes, la "sobada" tiene la finalidad de hacer salir el aire a través de las "portillas" por donde entró, es decir, oídos y nariz. Se soban en este orden: brazos, pecho, hombros, etcétera, en el entendido de que el aire que provoca la afección siguió los movimientos del cuerpo y llegó hasta allí.

Para sobar, los terapeutas de esa zona utilizan la corteza del tecomaca (árbol de tronco grueso, de aproximadamente un metro de diámetro, que crece en selva caducifolia), que dejan macerar en alcohol de 96 grados; del producto, el enfermo toma un traguito, y la cantidad que resta se usa en la sobada de susto; si el paciente es un niño, se le ponen unas gotas del macerado en la mollera. El efecto que tiene ese preparado es el de "calentar el yollo" (si se toma) y "calentar el cuerpo" (si se usa en las frotaciones), ya que "el aire de susto es frío". El extracto de tecomaca es de sabor amargo, lo que según los informantes es bueno, ya que ayuda a expulsar el aire; además, "el aire de esa tintura abre las narices, ayudando a que el otro aire" escape. Después del tratamiento, el paciente debe esperar unos cinco u ocho días antes de bañarse.

En el estado de Puebla se recogió la mayor cantidad de información acerca de esta enfermedad. Aquí, se dice que el paciente "ya no tiene espíritu, que su espíritu lo dejó en el lugar donde se cayó...", es decir que se "quedó", que "está quedado", que tiene "quedada", "espanto", "susto" (V. recuperar el alma).

Los tratamientos recopilados son numerosos. En ciertas localidades, como en Chilchotla, una curandera refiere: "para que yo cure la quedada, a la persona le consulto los pulsos; le pongo o le echo alcohol en todo el cuerpo, le chupo los pulsos y le grito cosas que él no escucha; también le sobo la espalda, le chupo el cuello y continúo a gritarle cosas que él no escucha. Esto lo hago hasta que la persona se empieza a poner tranquila, se le quita el escalofrío y el dolor de cabeza. A veces tiene con una sola cura". Cuando la terapeuta "chupa" los pulsos del enfermo, escupe lo que chupa (V. pulso y chupar).

En Tlatlauqui, los terapeutas utilizan la "limpia" tanto para diagnosticar como para curar la enfermedad, sólo que en este último caso el procedimiento es más elaborado. Así, una partera-sobadora relata: "hago tres limpias, una cada tercer día, con un huevo y hierbas medicinales como son el sauco, el albahacar y el romero, formando un ramo. Primero, con el huevo limpio al niño como si lo estuviera barriendo y luego hago lo mismo con el ramo; quiebro el huevo en medio vaso de agua y lo tapo con el ramo durante un ratito; mientras esperamos, le unto al niño la loción de espíritus en el pecho, en el cerebro, en los sentidos, en los brazos y en el estómago; le doy de tomar dos cucharadas de espíritus tres veces al día, si el niño está demasiado asustado; aparte de la cura, le llamo por su nombre tres veces, en un jarro de un litro en cuyo fondo he colocado siete flores distintas". Esta última parte del procedimiento no se debe hacer nunca en domingo, ya que si se hace este día "el niño no se cura, porque uno perturba la devoción que se le debe tener a Dios y entonces él no nos ayuda".

La terapia se complementa con "baños de susto", los cuales se dan cada tercer día hasta que se alivie el enfermo. Se preparan con maltantsin, hierba de unos 20cm de altura que crece en cualquier terreno o en las casas, de flores blancas en forma de botón, y de la cual la población distingue tres tipos, todos con la misma flor pero con hojas de color y tamaño diferentes; ellos son: maltantsin morado y maltantsin verde de hoja chica y de hoja grande. El baño se prepara hirviendo toda la planta de los tres maltantsin junto con espinosilla, mirto, albahaca y omikilit o muite; el enfermo debe darse el baño por las noches y luego abrigarse muy bien, ya que el efecto más importante de estos baños es el de hacerlo sudar copiosamente. Además del baño, el terapeuta recomienda beber un té preparado con hojas de los tres maltantsin y endulzado con azúcar, el cual se debe tomar muy caliente, de preferencia después de baño, para que haga más efecto: "medio pocillo en ayunas y otro tanto en la tarde, diariamente, hasta que se cure".

En Chiconcuautla, el tratamiento consiste en masajes que la curandera-partera ejecuta "en los brazos, del codo hacia abajo, y en las piernas, de la rodilla hacia abajo; también les unto la cabeza y la cara, los tapo con una cobija y hago que se sienten al sol durante una hora; después, aún tapados, los meto a la casa para que se enfríen poco a poco y ya puedan irse a su casa". El masaje se hace con el líquido resultante de la maceración —en un "topo" de aguardiente— de las siguientes plantas: pericón, toronjil y hierba de la tiricia. El enfermo no debe mojarse; además, se le recomienda darse tres baños calientes, de preferencia de temazcal, uno cada día.

Los terapeutas de la localidad de Tuzamapan consideran a la caída de la campanilla (V. caída de mollera) de como uno de los signos importantes para determinar el susto. El tratamiento que emplean —el cual tiene la finalidad de poner en su lugar, mediante maniobras mecánicas, ese órgano caído— consiste en "paladear" al paciente, procedimiento que ejecutan de la siguiente manera: encienden un cigarro de tabaco de hoja (cigarro preparado con una hoja seca de tabaco) y echan humo en la palma de la mano varias veces, hasta que se forme "una tela de color amarilla"; con ella embarran la punta de un dedo y frotan la campanilla una o dos veces. Este procedimiento es conocido como "paladear con humo de cigarro de tabaco de hoja". El tratamiento se realiza tres veces al día, durante tres días, y el paciente debe estar en ayunas.

De todas las zonas habitadas por grupos nahuas del estado de Puebla, fue el municipio de Cuetzalan del Progreso el que arrojó la mayor cantidad de información acerca del padecimiento. Los tratamientos consignados son muy semejantes; sin embargo, cada terapeuta tiene su propia forma de desarrollar el complejo procedimiento curativo empleado para tratar esta enfermedad. Uno de los terapeutas, un nictonalnotza ("espiritual"), trata el susto de la siguiente manera: coloca un vaso con agua cerca del paciente, le pide que diga su nombre y comienza a rezar la oración "señor mío Jesucristo", seguida de cuatro padrenuestros y cinco avemarías; mentalmente nombra a todos los santos: san Antonio Pastor (que es un niño), san Martín de Porres (santo que fue curandero), san Juan el Milagro (amigo de Jesús), san Juan el Mal ("por si está en el agua asustado") y san Pedro ("porque abre las siete puertas"). Invoca también a los seis caballeros ("para que salga el mal"): san Gabriel, san Rafael, san Jorge, Santiago, san Jacobo Santiago España y san Miguel Arcángel; este último "para que con la espada de dos filos arroje a los malignos y así el enfermo sane y se llene de alegría". Llama, además, a María Antonia Martina y a Antonio Martín, nombres con que el curandero designa al agua y a la tierra, respectivamente, para que "los suelten si los tienen agarrados", lo que indica la subsistencia de creencias prehispánicas —una sustitución nominal de divinidades veneradas con anterioridad a la conquista—, con nombres de deidades cristianas. A continuación, el terapeuta dice el nombre del paciente, hace una cruz en el suelo y la "golpea llamando a la tierra (Antonio Martín) y al agua (María Antonia Martina), bendice al enfermo tres veces y da gracias al Padre Eterno —"ya que él formó a esa niña o a ese niño enfermos"—, mientras ruega que viva bien y que se encuentre contento en todas partes. Finalizada la ceremonia, el terapeuta, y después el paciente, beben el agua, "porque ya Dios Eterno bendijo el agua para que se sane".

Otros terapeutas realizan un tratamiento que comprende, además de oraciones y "sopladas" con aguardiente, y la aplicación de pelotillas, preparado medicinal de aplicación rectal hecho por los propios terapeutas, el cual constituye uno de los procedimientos curativos más utilizados, en esta región del país, para el tratamiento del susto. Las pelotillas se preparan con plantas medicinales, entre las que se encuentran: hojas de escobillo, los tres tipos de maltantsin, huesos de mamey y de aguacate, estafiate, hojas de albahaca, ajo, hoja de tabaco, cempasúchil, hierba maestra (Artemisia ludoviciana var. mexicana), hierbabuena y epazote; por lo general, se emplean no menos de tres de estas plantas. Las semillas o huesos se cortan, se tuestan, se muelen y se mezclan perfectamente con las otras especies molidas también; a veces se les agrega aceite; enseguida se hacen unas bolitas de tamaños variables —como "canicas o como frijolitos"—, las cuales se envuelven en un pedacito de algodón absorbente —para detener el contenido—, "y se colocan sobre una hoja de plátano tierno que se pasa por las brasas de manera que queden duritas, un poco tostaditas y de color amarillento". El tratamiento completo es el siguiente: durante cuatro días, el terapeuta reza y pide a los ángeles y a la santísima Trinidad "que no retenga el espíritu del enfermo", mientras menciona el nombre del paciente. Al enfermo, que se encuentra sin camisa, le arroja aguardiente en la espalda, en un momento en que éste se encuentra desprevenido, y después le aplica unas "pelotillas compuestas", es decir, preparadas con varios ingredientes. La cantidad recomendada para cada paciente adulto es de "tres pelotillas del tamaño de una canica, al mismo tiempo, y para los niños dos, del tamaño de un frijol, juntas"; el terapeuta dice que "al rato que se aplican las pelotillas, el enfermo empieza a sudar y a colorear su cara, y con eso sana". De todos modos aconseja, además, tomar tres baños, uno cada tercer día, con una infusión caliente de hojas de omikilit, sauco y aguacate.

Si el paciente es un niño, antes de aplicarle las "pelotillas", algunos terapeutas lo "paladean", mientras que otros le colocan agua sobre la mollera sumida. En todos los casos, el médico puede o no "llamar al paciente". Si bien estos tratamientos relacionan al "susto" con la caída de la campanilla —consecuencia, a su vez, de la caída de la mollera—, ciertos terapeutas más bien lo vinculan a la "caída de cuajo", que aquí aparece como un signo de la enfermedad, pero que también es reconocida como un padecimiento singular. En este último tipo de tratamiento, el terapeuta realiza un procedimiento característico para esa enfermedad, que consiste en sobar, "rodar" y sacudir al niño, además de "emparejar sus pies".

En San Miguel Tzinacapan, los curanderos de susto realizan un tratamiento complejo y diferente a los ya consignados. Primero diagnostican la enfermedad mediante una "limpia con alumbre, para ver si el susto proviene de algún maleficio", o si se trata de un susto de tierra, de agua o de lumbre; luego "limpian" al paciente con una veladora, la encienden y rezan diez padrenuestros, diez avemarías y un santo rosario de cinco misterios, invocando al santísimo Padre Eterno. El tratamiento incluye la administración de un té preparado con maltantsin. Al concluir la sesión terapéutica, el paciente descansa y, con frecuencia, duerme.

La finalidad de las "sobadas", que también forman parte de muchos de los complejos tratamientos empleados para tratar el susto, es la de hacer sudar al enfermo. Así, un informante declara: "preparo una tintura de maltantsin, romero, hojas de aguacate y sauco, en aguardiente, y con ella sobo el cuerpo del paciente; luego lo llamo en el lugar en donde ocurrió el accidente que provocó la enfermedad, ya sea en la tierra o en el río; allí, rezo cinco padrenuestros y cinco avemarías", cinco veces consecutivas; se puede rezar más según la gravedad del paciente. Otros informantes tapan con una cobija al enfermo después de sobarlo.

Los baños también forman parte importante del tratamiento del susto y, al igual que las sobadas, tienen la finalidad de hacer sudar al enfermo; se recomiendan tanto a los niños como a los adultos. Cada terapeuta tiene su propia receta, aunque los ingredientes empleados en los baños son semejantes a los que se utilizan para preparar las "pelotillas". Un ejemplo de lo anterior lo constituye la siguiente descripción: el terapeuta hace uso del maltantsin chino, blanco y morado, estafiate, azomiate, zacapale, epazote morado y blanco, huesos de aguacate y zapote mamey, mozote blanco y amarillo, retoños de balletilla y hierba del cáncer; todas estas plantas se hierven, y con ellas el enfermo toma un baño cada tercer día, por nueve días; después del baño, este curandero unta "espíritus" en las coyunturas del paciente (V. pulso). Otros informantes utilizan plantas tales como: cinco quelites, muite, epazotillo, estafiate, liquidambar y el injerto del mismo, gordolobo blanco e ilitee, además de los maltantsin blanco y morado, zacapale y mozote blanco, morado y azul; recomiendan también tomar en ayunas un té de maltantsin blanco y morado. Los baños para niños generalmente se preparan con una variedad menor de especies; por ejemplo, se puede utilizar una mezcla de hojas de aguacate, omikilit, naranjo agrio, espinosilla y romero (V. talpanatsitsikas)

Ciertos terapeutas realizan tratamientos diferentes dependiendo del tipo de susto o espanto que tenga el enfermo Así, algunos primero preguntan al paciente "dónde se cayó", es decir, ubican el lugar del accidente. Entonces hacen un "llamamiento", esto es, ejecutan un procedimiento que consiste en poner, en medio vaso de agua, tierra del lugar donde ocurrió el percance; enseguida "llaman" varias veces al paciente por su nombre, mientras con una vara dan golpes a la tierra; a continuación, rezan un rosario —que ofrecen a la madre tierra, que llaman María Nicolasa, y al agua, que llaman Antonio Martín Trinidad—; al término del ritual el enfermo bebe el agua. Casi siempre, con una sola curación basta para que el paciente se sienta bien (V. susto leve). Si el "susto" es grave, es necesario llamar al paciente en el lugar mismo en donde se cayó, ya que "ahí está su espíritu". Hay que rezar diez y veinte oraciones, entre padrenuestros y avemarías (V. susto grave).

Los rezos revisten una gran importancia en la curación del susto, en razón de que cada uno de ellos debe ser dirigido a la deidad —muchas veces prehispánica, cuyo nombre ha sido sustituido por el de un santo cristiano— que cuida y protege o simplemente es la "dueña" del lugar donde ocurrió el susto. Así, cuando el sujeto se ha asustado en un pozo o en un manantial, es necesario rezar a san Juan del Pozo o a san Juan Manantial, según el caso. Si el enfermo sufre un "susto de lumbre", se le reza un rosario completo a san Juan del Río Antonio Tiota, compuesto de cinco padrenuestros y diez avemarías; en el caso de un susto de lumbre no se deben rezar credos, dicen los curanderos, porque la lumbre es caliente y los credos también. Si el susto es de rayo, se rezan tres rosarios completos a la virgen del Carmen, a la Inmaculada Concepción y a nuestra señora de Montserrat. Ciertos terapeutas dirigen sus rezos a santos cuya identificación es más difícil, como es el caso de los curanderos de Yohualichan, Puebla, quienes se encomiendan a padre Trinidad, madre Trinidad, nuestra señora santa Florecita, santa madre Santísima, santa Isabelita, santa Margarita, señor san Agustín, santa Teresa, santos Doctores y santas Doctoras, señor san Miguel Arcángel y todos los ángeles y santos, para que "ayuden a su hijo que se llama [dicen el nombre del paciente] para que se cure". Una vez que el enfermo ha sanado, se le deben rezar cinco rosarios completos al arcángel san Miguel, para que "él con su espada los defienda" de las envidias y ahuyente a sus enemigos.

El "susto" es considerado una enfermedad grave que debe ser atendida a tiempo; de lo contrario, puede ocasionar la muerte del enfermo, especialmente si éste es un niño, ya que se considera que los niños y algunos adultos (mujeres en su mayoría) tienen lo que en Olinalá llaman "sombra débil". Así lo expresa un curandero de este mismo municipio: " cuando no se les reza a tiempo, se llegan a morir; casi siempre son los niños...". La muerte puede sobrevenir incluso después de muchos años de haber sufrido el accidente. El agravamiento del enfermo se manifiesta por "adelgazamiento, hinchazón, ataques y debilitamiento"; esto último ocurre "porque la enfermedad agarra el cuerpo", dice una curandera de Zongolica, opinión que comparten la mayoría de los informantes. Si el enfermo recibe un tratamiento inadecuado, puede quedar "mal de la cabeza" (trastornado), o sufrir ataques.

Las formas de prevenir la enfermedad son de varios tipos, aunque hay terapeutas que piensan que no es posible prever los accidentes, que conforman la causalidad más común de este padecimiento. De todos modos, la población de los lugares en donde es reconocida esta enfermedad, conoce los sitios por donde no es conveniente transitar ni acercarse, en particular de noche; estos consejos los han de seguir especialmente las personas poseedoras de "sombra débil". En otros lugares, recomiendan que los niños y las mujeres no frecuenten los cementerios, los velorios ni los casamientos. Algunos terapeutas acostumbran enterrar dientes de ajo en el lugar donde el paciente se asustó, para que ninguna otra persona pueda volver a asustarse en ese sitio.