1111
Biblioteca Digital de la Medicina Tradicional Mexicana
Universidad Nacional Autónoma de México
La Medicina Tradicional de los Pueblos Indígenas de México
Huastecos (Teenek).
[ ]  [ ]  [ ]  [
Descripción de demandas
]
Descripción de demandas

Ikelom talab. Espanto

El espanto es uno de los síndromes de filiación cultural más importantes de la medicina de los pueblos indígenas de México. Entre los huastecos, también forma parte de la morbilidad, así como de las causas de muerte de sus habitantes. Se le conoce popularmente con las expresiones ikelom talab, hikenet y nemamatalli, —este último, un término nahua—, y es atendido por ciertos terapeutas tradicionales especializados en esta enfermedad: el curandero levanta sombras y el curandero echa barridas, especialidades que hacen referencia directa a dos procedimientos curativos, entre varios otros, indicados para este padecimiento.

La enfermedad se origina por un susto o un espanto, que puede a su vez ser provocado por varias y muy diversas causas. No todas las personas corren el mismo riesgo de enfermar de espanto ante una determinada causa; se considera que están expuestos a este padecimiento, principalmente aquellos sujetos que son "de sangre o de espíritu débil", o que se encuentran en un estado particular de flaqueza, como cuando se acaba de salir de una enfermedad.

Las causas son diferenciales. Los niños —considerados en la medicina tradicional como poseedores de espíritu débil— sufren la enfermedad sobre todo como consecuencia de caídas. Los adultos, en cambio, se espantan más frecuentemente ante la vista de animales peligrosos que suelen atacar a las personas, tales como serpientes, toros bravos y perros, entre otros. Estos sucesos producen un espanto más fuerte si ocurren en lugares estimados poco seguros: arroyos, ríos, puentes, barrancos, cerros y cementerios y sus cercanías. Otros acontecimientos, como por ejemplo presenciar accidentes automovilísticos o una riña, originan el espanto en sujetos de cualquier edad, especialmente si en ellos se ve morir a una persona. Del mismo modo, se estima que los relámpagos y truenos, así como los ruidos producidos "por algo desconocido o sobrenatural relacionado con remolinos de viento y agua", también desencadenan la enfermedad (V. trueno y rayo).

Además de las causas antes señaladas, en el caso concreto de los adultos, el espanto puede ser originado por algún sueño en el que el individuo se ve "aporreado" por elementos de la naturaleza, como el agua, por ejemplo; en los que comete alguna falta a las costumbres, como tener relaciones sexuales con algún desconocido; o en los que entabla una lucha con seres sobrenaturales: muertos que intentan llevarlo al "camposanto o al infierno", peleas con monstruos que lo atacan con armas, etcétera.

Cualquiera que sea el tipo de espanto que da origen al padecimiento, la causa intrínseca que lo genera es la pérdida de una entidad anímica del sujeto, llamada indistintamente alma, espíritu o sombra, la cual es necesario recuperar para que el enfermo recobre la salud (V. pérdida del alma). Si bien en muchos testimonios los terapeutas hacen una referencia explícita sólo a este fenómeno, en la práctica se encuentra presente una segunda causa que aparece en forma evidente en la mayor parte de los tratamientos: los aires que han contaminado al enfermo al momento de perder el espíritu (V. aire).

Los síntomas del espanto son numerosos y variados. El enfermo puede presentar el pulso muy débil, o sumamente agitado. Siente una gran somnolencia al medio día, y sin embargo padece insomnio durante la noche; cuando logra dormir se sobresalta ("brinca"), pues su sueño es agitado y está poblado de pesadillas recurrentes que aluden al espanto sufrido. Su respiración se torna irregular. Su semblante no sólo refleja una gran tristeza, sino que además adquiere una marcada palidez, que cambia a una tonalidad amarillenta a medida que pasan los días; según los terapeutas, "su sangre ya no tiene color". Pierde el apetito, lo que le produce un debilitamiento general que se hace notorio al caminar; sufre dolores articulares y cualquier actividad física le provoca un enorme cansancio y lo agota rápidamente; siente "las coyunturas de la nuca, abiertas". Amanece con la boca "amarga", y sus ojos se tornan vidriosos; se le ve inquieto y desesperado, y el entorno le parece extraño. Con frecuencia tiene dolor de cabeza y el cabello "se le ve grifo".

Ciertos síntomas se vinculan a espantos producidos por determinadas causas: si el enfermo tiene frío continuamente, el origen del mal es un espanto causado por elementos de calidad fría tales como agua, piedras o serpientes. En estos casos el paciente también muestra la punta de la nariz "blanda", y la siente "abierta y que late mucho", se sobresalta al cerrar los ojos y sufre trastornos estomacales, tales como dolor de estómago y vómitos.

El diagnóstico se establece principalmente con base en la información que durante el interrogatorio proporciona el enfermo. Al terapeuta le interesa saber, sobre todo, si "su espíritu [alma del paciente] ya no está en su cabeza", si "ya no tiene ganas de trabajar", y si recuerda haber sufrido un susto recientemente. La constatación de la palidez y de la coloración amarillenta de la piel, es también un elemento importante para determinar la naturaleza del mal.

Algunos terapeutas acostumbran confirmar el diagnóstico mediante una "consulta al maíz", práctica adivinatoria que se lleva a cabo inmediatamente después del interrogatorio (V. adivinación con granos de maíz). El terapeuta enciende una veladora a las imágenes de san Martín de Porres, san Miguel Arcángel y a la virgen de Guadalupe, y después, junto con el enfermo, reza un padrenuestro y un avemaría, pidiendo al Señor la curación. A continuación realiza la "consulta". Para esto, primero coloca sobre la cabeza del paciente un vaso con agua hasta la mitad, que contiene además siete granos de maíz, y luego le da a tomar un poco de agua bendita. Después observa cuidadosamente el vaso, y hace una interpretación de su contenido, basada en la analogía entre las formas y características de los elementos del vaso y las particularidades de la región del cuerpo del paciente en donde la enfermedad se ha manifestado. Así, si en el vaso se observan "unos granitos", ello significa que el mal generado por el espanto está representado por un grano en alguna parte del cuerpo del paciente, ya que en el mundo ideológico de los huastecos, existe una analogía entre el cuerpo humano y el maíz. Este procedimiento permite al terapeuta no sólo conocer el tipo de enfermedad que aqueja al enfermo, sino que además le indica el tratamiento a seguir.

Otra forma de confirmar la naturaleza del padecimiento consiste en pulsar al paciente. Según los terapeutas, mientras que el pulso de una persona sana "sólo brinca", éste "levaría de arriba hacia abajo" cuando sufre de espanto.

Con base en la causalidad que originó el espanto —la pérdida del alma del enfermo y la penetración de un aire en el interior de su cuerpo—, los tratamientos empleados por los médicos tradicionales huastecos tienen la finalidad de lograr recobrar la entidad anímica que ha quedado en el lugar del suceso traumático, así como desalojar el aire que lo está dañando. Las terapias destinadas a estos fines son complejas y se componen de varios procedimientos curativos, entre los que destacan aquellos que actúan mediante mecanismos de eficacia simbólica tales como las "llamadas", "el levantamiento del espíritu", las diversas clases de limpias, las sahumadas y las santiguadas. Los tratamientos comprenden además la ejecución de prácticas curativas como baños, frotaciones, sobadas y la ingestión de algún preparado medicinal, en la mayor parte de las cuales se emplean plantas medicinales. Todo tratamiento del espanto inicia con oraciones en las que el terapeuta pide la gracia de santos y deidades para que ayuden al enfermo a recuperar la salud, y concluye con la preparación de una ofrenda destinada a agradecerles el favor concedido.

Por lo general, el ritual de curación se lleva a cabo en el lugar en donde el enfermo contrajo el espanto. Si el paciente no está en condiciones de trasladarse hasta allí, el terapeuta lleva algunas de sus prendas de vestir, y oficia delante de éstas. El tratamiento inicia con oraciones dirigidas "a los cuatro vientos" que, según los informantes, residen en cuatro cerros que poseen "cuevas de santuarios". A continuación, reza a los cielos "en donde está el poder del creador", y por último invoca a "la madre naturaleza" para que lo proteja a él y a todos los seres humanos.

Después "lo llama". Según las creencias de varios pueblos indígenas, entre ellos los huastecos, el alma que el enfermo ha perdido a consecuencia del susto, y que es parte sustancial de él, se queda en ese lugar y anda vagando como extraviada; ella reconoce su nombre —el nombre de su dueño—, y es por esto que el terapeuta "la llama" a grandes voces.

El procedimiento terapéutico denominado "levantamiento del espíritu", es complementario del anterior y persigue los mismos fines. Se basa en la idea de que el espíritu que ha salido del cuerpo del paciente ha quedado en la tierra, o en el agua, según sea el sitio en donde ocurrió el hecho traumático. Esta creencia está vinculada al concepto según el cual ciertos lugares, como cerros, pozos, ríos, cuevas, etcétera, tienen "dueños", esto es, una deidad encargada de su cuidado y protección. Es esta entidad la que se apodera del alma del enfermo, razón por la cual el ritual del levantamiento va siempre acompañado de acciones destinadas a congraciarse con el dueño del lugar. Al igual que "la llamada", el levantamiento del espíritu se realiza en el lugar en donde se espantó el sujeto. El terapeuta y el paciente acuden a ese sitio, llevando un incensario y rezando mientras caminan. En las cercanías y en el paraje mismo indicado, ambos se detienen; el curandero reza la oración "la magnífica", al mismo tiempo que sahúma al enfermo; después de lo cual enciende una veladora; a continuación se trasladan a otro sitio, y así sucesivamente hasta completar nueve "levantadas". De regreso a la vivienda del paciente, el terapeuta lo sahúma por última vez frente a la imagen de la virgen de Guadalupe colocada en el altar (V. sahumar).

El procedimiento destinado a quitar los "aires" del cuerpo del enfermo se llama "barrida", y consiste en una limpia que se realiza principalmente con ramas. Las plantas empleadas con más frecuencia son la canela, la orcajuda o hediondilla (ts’abalte)y la "hierba verde", conocidas popularmente con el nombre de "tres escobas"; ciertos terapeutas utilizan epazote o albahaca de monte, en vez de canelo (V. epazotillo). Con ellas se hace un ramo que se somete a diversas maniobras para "prepararlo", con el objeto de potenciar su poder curativo antes de "barrer" al enfermo: primero se rocía con agua bendita y después con aguardiente; luego lo "pasea" sobre humo de copal y enseguida lo coloca en el altar durante un rato; sólo así el ramo tiene la capacidad de curar al paciente. La barrida se efectúa frente al altar. El terapeuta pasa el ramo por el cuerpo del enfermo, iniciando en la cabeza y terminando en los pies, mientras reza tres credos "a los santos estados" (llamados así los cuatro puntos cardinales), si bien algunos curanderos también dirigen oraciones a san Ramón y a san Miguel Arcángel. Otros médicos tradicionales preparan dos escobas con las plantas, y con ellas barren el cuerpo del sujeto, sin girarlas, ya quede lo contrario existe el riesgo de que la enfermedad pase a su propio cuerpo. Generalmente, el tratamiento comprende tres limpias como éstas; sin embargo, si el espanto es muy fuerte, se deben hacer nueve. En ciertos casos, el ramo incluye un "huevo de patio" (huevo de gallina), con el propósito de hacer aún más efectiva la curación.

Las santiguadas también se hacen frente al altar, de preferencia los días martes, miércoles y viernes (V. santiguar). Para ello, el terapeuta hace, con una vela, la señal de la cruz en el suelo, y mientras recita el credo, el padrenuestro y el avemaría, va santiguando al enfermo, es decir, le va haciendo la señal de la cruz en diferentes partes de la cabeza. Al concluir el procedimiento, pronuncia cinco veces la siguiente oración:

Yo te indico este martes
para que por todas partes
te liberes del demonio
sin fiel testimonio
con ardiente devoción
constrito y arrepentido
por la virgen te pido
lo saques de esta enfermedad.

El tratamiento para el espanto comprende la aplicación de un conjunto de procedimientos terapéuticos destinados a lograr que el enfermo sude para, de este modo, suprimir el dolor de cabeza y de las articulaciones, y eliminar la sensación de enfriamiento que presenta. Una de estas prácticas curativas son los baños, que se hacen con las mismas plantas empleadas para la limpia ("tres escobas"), o con "hierbas de espanto": hik’elom ts’ohol, corazoncillo y "hierba que se espanta"; en ocasiones, los terapeutas añaden palo mulato o chaca, calal iztahua y xolol de palo liso y de palo "cuadrado". La administración de tes es otra de las formas de propiciar la sudoración. Una de las plantas empleadas con este propósito es la llamada boocheekel, la cual se prepara restregando sus hojas en un recipiente con agua; el paciente debe tomar tres vasos por una sola vez y, enseguida, acostarse bien cobijado. Según los terapeutas huastecos, si la sudoración despide un olor desagradable, esto es un indicio de que el mal ha comenzado a salir. Algunos curanderos prefieren recomendar un té que se hace con pirul chiquito, mohuite, orcajuda o hediondilla, poleo chiquito, anís y nueve cruces de palma previamente bendecidas en la iglesia durante la misa de domingo. Se hierven todos los ingredientes, se deja enfriar y se administra en dosis de dos vasos al día; de este modo se logra que el enfermo comience a "tener sueño y ánimo para salir de su casa, para platicar y para comer". Una última preparación consignada utiliza toronjil, poleo negro, flor de mohuite y hierba de huachochile; se hace un té y se toma como agua de tiempo.

Las frotaciones se pueden hacer utilizando diversos medicamentos. Muchos terapeutas preparan un macerado en aguardiente de las mismas plantas empleadas en la limpia. Con el líquido resultante, el curandero frota enérgicamente los brazos, la columna vertebral y los talones del paciente y, a continuación, "le jala los cabellos".

Una vez que el enfermo ha recobrado la salud, su familia debe hacer una ofrenda, que generalmente consiste en un bolim —un tamal de pollo especial para ofrendas—. La ceremonia se lleva a cabo en casa del enfermo, y en ella participan su familia y la del curandero. Primero, el terapeuta hace una limpia a todos los presentes con el corazón crudo del pollo, siete monedas, una vela y un litro de aguardiente, que enseguida entierra como un obsequio a la "madre naturaleza". Después ofrece el bolim a los cuatro puntos cardinales, o a "nuestro señor", y al finalizar todos comen el tamal. En ciertas regiones de la Huasteca, la ofrenda es diferente. Sobre una mesa frente al altar, la familia del paciente coloca doce tacitas de café y doce trocitos de pan; de ellos, nueve se ofrecen a "los ángeles que se encuentran en los cuatro puntos cardinales", mientras que los tres restantes son un obsequio para "las ánimas". Durante la ceremonia, el terapeuta sahúma a todos los presentes en el siguiente orden: primero a los niños y niñas, después a las mujeres y, por último, a los hombres.

En el curso del tratamiento y mientras el enfermo no comience a sentir algún alivio, se le recomienda no mojarse ni salir de su casa, así como caminar lo menos posible.

A los tres días de iniciado el tratamiento, muchos terapeutas hacen una revisión al paciente para comprobar si muestra signos de mejoría.

El espanto es una de las enfermedades más preocupantes para los habitantes de las comunidades indígenas, entre ellas de las huastecas. Un paciente que sufre de espanto debe recibir la ayuda médica de un terapeuta tradicional, ya que, según los informantes, el médico alópata no conoce este padecimiento y en consecuencia, no puede curarlo. Si el paciente no se trata, deja de comer, se seca y la enfermedad "se le vuelve tisis"; en otros casos se hincha, condición que le causa la muerte. En los niños, la enfermedad les "rebaja la sangre" y algunos tienden a "agarrar mañas", como el hábito de comer ceniza, lo que les puede producir la muerte, aseguran los terapeutas.