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Biblioteca Digital de la Medicina Tradicional Mexicana
Universidad Nacional Autónoma de México
La Medicina Tradicional de los Pueblos Indígenas de México
Mazatecos.
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Descripción de demandas
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Descripción de demandas

Ande cathira mkindira o sitzindi. Atender el parto

Desde el inicio del embarazo, la participación de los terapeutas tradicionales, y en particular de las parteras-curanderas y parteras-sobadoras, es de vital importancia para la renovación de la vida en las comunidades. Por lo general, la mujer mazateca comienza a solicitar los servicios de la partera sólo a partir del quinto mes de embarazo. Existe un cierto consenso acerca de que éste es el momento adecuado para iniciar la prevención de posibles problemas que pueden surgir con posterioridad.

La visita a la partera incluye el reconocimiento médico para establecer el estado y tiempo de embarazo. Este consiste en sobar el vientre de la embarazada, para determinar la posición y edad del producto.

Una de las causas frecuentes de demanda de atención entre las gestantes, es la necesidad de acomodar al niño, ya sea que éste venga de "nalgas o esté pegado a un lado del vientre". La necesidad de corregir continuamente la posición del feto se manifiesta en prácticamente todos los grupos mesoamericanos, y constituye una forma de prevención de posibles problemas en el momento del parto. La consulta es solicitada por la enferma que dice sentir fuertes dolores en el vientre y en la cintura; en algunos casos, la partera detecta sangrado, un signo preocupante de aborto. Los procedimientos empleados para "acomodar el nene" son la manteada y la sobada. El primero de ellos se ejecuta de la siguiente forma: la enferma se acuesta boca arriba sobre una toalla o una sábana colocada a la altura de la cadera; enseguida, la partera y otra persona se colocan a ambos lados, y "cogen las puntas de la manta y se rueda un rato", es decir, mueven a la paciente. Con esta terapia el vientre de la mujer se "hace blandito" y es posible detectar la posición del niño con más facilidad; si se encuentra atravesado, de lado o sentadito, se aprovecha la suavidad del vientre para sobar con algún aceite y mover con firmeza al producto hasta colocarlo correctamente. Terminada la terapia, algunas parteras practican a la embarazada una limpia —en la que se utilizan un huevo, semillas de cacao, dos plumas de guacamaya y una veladora—, para protegerla "contra los malos aires y la vista pesada", peligros a los que se expone cuando va al río a traer agua. Durante la limpia, la partera reza "alrededor de la mujer" invocando a Dios. Concluido el ritual, todos los elementos utilizados en la limpia son enterrados "donde se cree que está el mal espíritu", para así regresar el mal al lugar de donde salió. Por lo general, las terapeutas recomiendan a la gestante alimentarse bien y evitar levantar cosas pesadas; le aconsejan, además, que vuelva cada 15 ó 20 días para sobarla nuevamente. Muchas parteras no aceptan atender los partos de mujeres que durante el embarazo no se han acomodado el niño.

Entre los mazatecos, el parto representa una situación que implica una serie de actividades rituales y terapéuticas destinadas a prevenir posibles complicaciones que pueden poner en peligro la vida de la madre y del niño. El nacimiento ocurre en casa de la paciente. Los primeros síntomas que la mujer presenta son: dolor en el vientre, sangrado vaginal con moco y una sensación apremiante de orinar. La partera "revisa la barriga y soba para encaminar al niño", para que "sienta que uno está junto a él y se apure en salir, pues de lo contrario se enoja y puede morir ahogado". Si no está en posición cefálica, procede a sobar a la gestante. Como en otros grupos indígenas de México, también entre los mazatecos la partera recurre a ciertas prácticas destinadas a apresurar el parto. Generalmente, esto se logra administrando a la parturienta infusiones, calientes, de hierbas en combinación con otros elementos. Una de las plantas empleadas con más frecuencia es el nopal, cuya baba, según los informantes, permite que "el chamaco resbale más pronto y salga más aprisa". Fueron consignadas las siguientes preparaciones: 1) té de canela con nopal picado; 2) una taza antes y otra después del parto, de cocimiento de cáscara de jícaro (Crescentia cujete) y raíz de acuyo o acoyo); 3) baba de nopal, limpio y bien picado; 4) té de la planta llamada escobita de monte; 5) infusión de ruda y chocolate, molidos; 6) té de romero.

Entre los mazatecos es costumbre que el esposo acompañe a la mujer durante el trabajo de parto, ya que en esta etapa la partera precisa de su ayuda. El marido se sienta en una silla, y la parturienta, hincada frente a él con las piernas abiertas, se cuelga de su cuello para poder potenciar sus esfuerzos; la terapeuta se sitúa a espaldas de la paciente y le soba el vientre con aceite, mientras espera la salida del producto. Si el nacimiento tarda, porque las contracciones no son lo suficientemente intensas, las terapeutas unas veces dan un té de chocolate muy caliente con media yema, y otras recurren a procedimientos destinados a lograr que la mujer haga su mayor esfuerzo: meten dentro de su boca su trenza, le administran agua con sal o queman chile de árbol junto a ella para inducirla a toser; las dos primeras prácticas intentan conseguir que la paciente sienta asco, náuseas. Las parteras también recurren a estos procedimientos en caso de complicaciones, como "el parto seco", en el que tardan en romperse las membranas amnióticas.

Cuando el recién nacido ha comenzado a respirar normalmente se procede a cortar el cordón umbilical con una navaja "nueva de rasurar o un metal calentado"; enseguida, se limpia con alcohol y se protege con una gasa empapada de Merthiolate. Las curaciones se realizan cada tercer día "hasta que cae" el cordón. El cordón umbilical seco se entierra en algún "lugar especial dentro de la casa", práctica que en la cosmología mazateca significa que el nuevo ser, como integrante de su comunidad, tiene una "casa-origen". La atención del recién nacido termina al limpiarle las secreciones de la boca, nariz y ojos con agua de manzanilla.

Para el alumbramiento, la partera soba nuevamente el vientre de la mujer y le prepara una taza de chocolate con huevo, bien batido, para que arroje la placenta; ésta se lava con jabón, se envuelve en un trapo limpio y se entierra, colocando encima una cruz de cal, para evitar "que el niño se ponga ciego", enferme o "lo seque el rayo". A la mujer se le pone un ceñidor en la cintura para que no se le caiga la matriz y se le pide que "se acueste de lado"; enseguida se le dan atoles de maíz o caldo de pollo, bien calientes, para que "tenga mucha leche" (V. amamantamiento).

Generalmente, a los tres días de concluido el parto la partera da a la puérpera un "baño de cocimiento", y a los ocho, un baño de temazcal. Ambos baños se hacen, como dicen los informantes, "para que amacice las cuerdas y, cuando se levante, tenga fuerzas"; es decir, para restablecer el tono muscular, eliminar el cansancio y lograr una sensación de bienestar, además de estimular la producción de leche (V. baño para después del parto).

El preparado para el baño se hace con retoños de carrizo y hojas de naranja, de romero y de ruda, llamadas por las parteras "hierbas de cocimiento". Durante el baño, la partera "le soba a la mujer toda la cintura; como está abierta, con lo caliente se cierra". Está presente aquí una antigua idea de las culturas mesoamericanas, según la cual después del parto la mujer queda "abierta" y es necesario por lo tanto "cerrarla"; esto se logra mediante los baños, el ceñidor y el reposo. Las parteras mazatecas recomiendan guardar reposo durante un mes. En este periodo se aconseja evitar las relaciones sexuales y los trabajos pesados.

Una de las complicaciones que pueden ocurrir durante el puerperio o cuarentena son las hemorragias o sangrados, que las terapeutas designan con el nombre de flenorragia (en lengua local, tjiumajin). Varias son las causas que las originan. Se presentan, con más frecuencia, en mujeres que han quedado con la "matriz tierna" después del parto; pueden también ser producidas por caídas, por cargar cosas pesadas, por enfriamiento de ovarios cuando van a lavar al río, por mala alimentación y por relaciones sexuales prematuras (V. caída de matriz). Se caracteriza por sangrado vaginal, dolor de cadera y de vientre, flujo blanco y moco. La limpia con huevo en las partes doloridas es uno de los métodos que permiten confirmar el padecimiento. El tratamiento acostumbrado consiste en la ingestión de un té de árnica y hierba de estrellita, el cual se debe tomar en dosis de una taza tres veces al día, durante dos o tres días; la terapia incluye una manteada "para que cierre la cadera". Algunas terapeutas complementan el tratamiento con baños de asiento preparados con hojas de malva. A la paciente se le recomienda descanso durante 15 días, periodo en el cual debe evitar los alimentos picantes y con mucha grasa.

Si la paciente no se atiende, se complica la enfermedad; el deceso sobreviene porque la enferma deja de comr, adelgaza y muere "porque se vacía" por el sangrado constante.