Biblioteca Digital de la Medicina Tradicional Mexicana
Universidad Nacional Autónoma de México
La Medicina Tradicional de los Pueblos Indígenas de México
Zapotecos (Bene Xon. Ben’zaa. Binniza).
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Descripción de demandas
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Descripción de demandas

Ngol nua shcuidi o embarazo y levi’raca o parto

En la medicina tradicional zapoteca, los acontecimientos relativos al ciclo de vida constituyen por lo general causas de demanda de atención de sus médicos tradicionales. Al igual que en otros grupos étnicos del país, la partera es el especialista socialmente reconocido para brindar atención médica a las mujeres de las comunidades en edad reproductiva, en especial durante el embarazo, el parto y el puerperio (cuarentena).

Una de las primeras solicitudes de atención que los terapeutas zapotecos enfrentan es la esterilidad, padecimiento designado popularmente como been guishi y que alude a las "personas que no pueden tener familia". Según el pensamiento zapoteco, para que una pareja pueda engendrar un nuevo ser, necesita estar formada por "personas activas", es decir, fértiles, quienes además deben tener "la sangre caliente". Esta cualidad es propia de las parejas jóvenes. A medida que pasan los años, "el calor de su juventud disminuye y su sangre se enfría y ya no hay suficiente calor" para procrear. Es por esto que los problemas de esterilidad se presentan casi siempre "en parejas que se casan ya grandes".

Para establecer el diagnóstico, el terapeuta somete a la mujer a un interrogatorio para averiguar la periodicidad de su menstruación; si resulta que regla normalmente, entonces determina que el problema proviene del hombre. El tratamiento para curar la esterilidad de un matrimonio cuando el problema proviene de la mujer, consiste en normalizarle la periodicidad del ciclo menstrual, lo que se consigue calentándole la sangre. Con este propósito, recomiendan ingerir un preparado que se hace con medio vaso de caracol crudo de arroyo, chile, tomate y cebolla; la dosis es de un vaso por la mañana durante tres días. Si el problema es atribuido al hombre, la terapia también tiene la finalidad de calentar su sangre, sólo que en este caso el tratamiento aconsejado consiste en una serie de baños con agua muy caliente, a la temperatura máxima que pueda tolerar.

Para que el tratamiento tenga éxito se debe repetir una vez al mes, durante tres meses consecutivos, iniciándolo cada vez cuando hay "Luna tierna". Los terapeutas señalan la necesidad de buscar la curación de la esterilidad; de lo contrario, "cuando un matrimonio no tiene familia, la mujer enferma de tristeza y el hombre busca otra mujer. El embarazo —ngol nua shcuidi en lengua indígena— es una causa de demanda de atención que requiere, de los servicios de la "persona que entiende de partos", es decir, la partera. Como en toda comunidad indígena, a determinada edad la mujer debe cumplir con su función reproductiva en el ámbito biológico y socio-cultural.

Para establecer el diagnóstico de preñez, la partera recurre a la observación de las características físicas y emocionales que presenta la mujer, la cual se ve preocupada e inquieta cuando es primípara, y sufre mareos y vómito, principalmente durante los primeros meses. La ausencia de la menstruación, fenómeno que entre los zapotecos se conoce con la expresión "se les va la luna", es uno de los signos más importantes para diagnosticar un embarazo. Para conocer la edad del producto, la terapeuta palpa el vientre de la mujer en busca de "una bolita"; según sea el tamaño de ésta, deduce el tiempo de embarazo. Durante este periodo pueden surgir complicaciones que demandan la atención de la partera; entre las más frecuentes se encuentra la posición incorrecta del nonato, el cual puede estar atravesado, sentado o "de lado", es decir, recargado en un solo lado del vientre de la madre.

Si durante el embarazo una mujer siente dolor en un costado del vientre, quiere decir que el niño está en mala posición. En estos casos la terapeuta procede a sobar de la siguiente forma: "se le pide a la persona que se acueste sobre la cama con los pies cerrados y los brazos a los lados, y se le soba suavemente el vientre, de los lados hacia abajo, con ayuda de manteca caliente de cerdo; se busca la cabecita del niño y se trata de colocarla hacia abajo la terapia debe hacerse con mucho cuidado para no lastimar a la mujer o al bebé. Esta "sobada" destinada a colocar al niño en posición cefálica se debe hacer en dos sesiones consecutivas.

Otro problema del embarazo que requiere de los servicios de la partera, es la frialdad. Su tratamiento consiste en tomar un preparado de hojas, tallos y flores de poleo, el cual se hace con tres ramitas de la planta para una taza de agua, dosis que la enferma debe tomar por dos días. Después de la terapia se recomienda evitar mojarse con agua fría y no ingerir alimentos "pesados".

La enfermedad de antojo, o en lengua local bei guie ar lar jeme, es otro de los padecimientos que puede sufrir una mujer durante los primeros meses del embarazo. Ocurre cuando la gestante ve a otra persona comer un alimento "que se le antoja" —de ahí su nombre—, y no puede satisfacer ese deseo. Esto le produce una gran ansiedad, "el antojo", que hace que el "niño se inquiete" causándole dolor en el vientre. En estos casos la terapeuta aconseja procurar cumplir el antojo lo más rápido posible—, de lo contrario, el niño puede inquietarse aún más y puede sobrevenir el aborto.

Como en otras culturas de vieja raigambre en México, entre los zapotecos el embarazo es un estado que puede afectar a otras personas, principalmente a los hijos de la gestante, provocándoles un padecimiento de nombre "chipilera", síndrome de filiación cultural que se conoce popularmente como bzinn (V. chipilez). Se trata de una enfermedad infantil originada por el embarazo de la madre; las parteras señalan que se presenta con más frecuencia entre los niños pobres, "porque no comen ni los atienden bien".Para establecer el diagnóstico, la terapeuta busca las siguientes evidencias: al enfermo le sale vello en la espalda y brazos, se le cae el pelo y adelgaza visiblemente. El tratamiento consiste en frotarle todo el cuerpo con una hierba amasada con alcohol y jabón Zote; la terapia se hace por dos noches, antes de lo cual, el enfermo debe bañarse. Según los informantes, con este tratamiento desaparece el padecimiento, el cual, si no se cura, puede causar la muerte del pequeño. Una forma de prevención contra la chipilera consiste en "tratar bien al niño y hacerle caso", es decir, prestarle más atención.

Como todo proceso que pone en peligro la vida, entre los zapotecos el nacimiento se ve envuelto en una serie de preocupaciones, debido a las complicaciones que pueden surgir y poner en peligro a la madre y al niño. Por tal motivo, antes de ir a atender un parto, la partera se dirige a la iglesia de su comunidad, en donde enciende una vela y reza oraciones encomendándose a la virgen del Carmen y del Rosario; otro tanto hace frente al altar de su casa.

Generalmente el parto es atendido en casa de la parturienta. Al igual que en otros grupos indígenas, las terapeutas zapotecas administran a la paciente infusiones de hierbas y cortezas de plantas para calentarle la matriz y de este modo acelerar el parto. En algunos casos, además, le soban el vientre con algún aceite, con el propósito de "emparejar" a la criatura, es decir, para encaminar al nonato hacia el canal pélvico (V. acomodar al niño). Por lo general, los preparados se administran una hora antes de culminar la primera fase del parto y usualmente consisten en tes de una sola planta; entre las más comunes encontramos: la corteza de palo de jícaro (V. Crescentia cujete y Crescentia alata), canela en rajas, flor de alucema y hojas de santa maría. Algunas parteras dan una infusión de la siguiente mezcla de vegetales: hojas de laurel, manzanilla, alucema y guaco. Esta preparación, al igual que la de santa maría, también se administra después que el niño ha nacido, para ayudar a la expulsión de la placenta.

Terminado el parto, la partera atiende al recién nacido, lo asea y le corta el ombligo; para esto, en la actualidad un buen número de terapeutas zapotecas recurren a los conocimientos médicos adquiridos en cursos de capacitación, en los que han aprendido a utilizar gasas, hilo esterilizado y algunos medicamentos de patente, tales como vitaminas o penicilinas, proporcionados por las clínicas y centros de salud. Luego que la madre arroja la placenta, se le "amarra su vientre" (V. fajar) con un ceñidor para evitar la caída de matriz.

Los servicios de la partera terminan con el aseo de la ropa que la enferma ha utilizado durante el parto. El pago de sus servicios generalmente se hace en especies (maíz, frijol, pollos, etcétera).

La medicina tradicional zapoteca también intenta dar respuesta a las necesidades de carácter socioeconómico que obligan a disminuir el tamaño de la familia, controlando la natalidad. Los terapeutas llaman anticonceptivo a esta causa de demanda de atención, y las demandantes son "mujeres activas", es decir, mujeres en edad reproductiva que ya no desean embarazarse. El preparado con propiedades anticonceptivas se hace con higo, "el cual contiene breva o sustancia lechosa"; se corta maduro, se parte para revisar que no tenga parásitos y se pone a secar al sol; ya seco se tuesta en un comal como si fuera café, después se muele y se guarda en un recipiente cerrado. El polvo así obtenido debe ser consumido en forma periódica, como sustituto de té o café, por ambos miembros de la pareja; durante todo el tiempo que están tomando el medicamento, no deben tomar café ni suspender su administración, ya que de lo contrario el efecto anticonceptivo se pierde.

Ocurre a veces que el parto tiene un desenlace trágico. Según las parteras, esto se debe principalmente a problemas de anemia, ya que "las mujeres embarazadas no comen bien y a la hora del parto no tienen fuerzas"; en la mayor parte de los casos, el deceso ocurre porque la mujer sufre una hemorragia, entonces "no tiene la suficiente sangre para resistir" y muere.